BLUE ÖYSTER CULT 1969 -1974


La década de los 70 fue un auténtico hervidero de grandes grupos. Hasta nuestros días han llegado con una fama casi intacta solo los grandes nombres, reconocibles por casi todo aquel medianamente interesado por la música rock, bandas históricas como puedan ser Deep Purple o Led Zeppelin. Debajo quedan sepultadas infinidad de formaciones que ya eran desconocidas en propia época, instaladas eso que vino a denominarse como underground. Sin embargo, otros muchos grupos, pese a haber sido muy célebres en su momento, han ido quedando en un segundo plano para el gran público por razones a veces un tanto incomprensibles. Los Blue Öyster Cult pueden ser incluidos en esta segunda capa de grupos algo olvidados de los 70, si bien es verdad que afortunadamente son cada vez más reivindicados por el público actual y están ejerciendo una mayor influencia en muchos grupos jóvenes que van surgiendo. A medida que son más conocidos se hace evidente su alta calidad, a la altura de los mejores de su época, con un carácter y una originalidad que los hace muy especiales, para nada equiparables al sonido que se pudiera considerar más estándar de su época. Los BÖC fueron promocionados durante un tiempo como los “Black Sabbath americanos”, pero su sonido incluye muchos matices como para hacer comparaciones tan fáciles, especialmente los tres primeros discos que aquí vamos a tratar y que consideramos como lo mejor de su carrera. Aunque después harían algunos buenos discos, como el Agents Of Fortune y unos cuantos directos memorables, sería en esta trilogía donde el Culto de la Ostra Azul daría rienda suelta a toda su creatividad.

 

Blue Öyster Cult tiene su origen a comienzos de 1967, concretamente en Long Island (New York), cuando un grupo de universitarios inquietos, entre los que se incluían Albert Bouchard y Donald Roeser (despues llamado Buck Dharma), deciden montar un grupo de rock siguiendo la órbita de la nueva movida psicodélica proveniente de California. Durante una etapa de total desparrame festivo y un consumo desorbitado de drogas, ambos tocarían en sucesivos grupos universitarios con nombres como The Disciples o Travesty (banda que hacía exclusivamente versiones de The Blues Projet). Estros grupos primerizos duran muy poco, algo que era corriente con una infinidad de bandas surgidas en esa época entre los ambientes estudiantiles, pero Bouchard y Roeser siguen teniendo aspiraciones musicales y dejan los estudios para probar fortuna por separado.

No obstante, este periodo es breve y los dos amigos vuelven a reunirse otra vez. Entre sus idas y venidas Roeser había conocido a Sandy Pearlman, un joven y entusiasta escritor, poeta y crítico musical que, entre otras cosas, había creado junto a su amigo Richard Meltzer la pionera revista especializada en rock'n'roll Crawdaddy, en lo que sería los inicios de un nuevo tipo de periodismo dedicado a la cultura marginal de los jóvenes. Pearlman ve inmediatamente el gran potencial de ambos músicos y les propone ser su representante para intentar ascender en la cada vez más creciente escena rockera, además de colaborar como una especie de director creativo con la imagen del grupo, las letras, etc. Ellos comprenden que Pearlman cuenta con importantes contactos a un nivel más que local, algo que ellos no tienen, y aceptan encantados. Pronto se disponen a buscar más personal para formar un nuevo grupo que en principio se llamaría Soft White Underbelly. En muy poco tiempo la formación contaría con el fugaz paso de John Wiesenthal a la guitarra, Albert Bouchard a la batería, Donald Roeser a la guitarra solista, Allen Lenier a la rítmica y órgano, Andrew Winters al bajo y Les Braustein a la voz. Se buscan un viejo caseron en Stony Brook, donde se dedican a hacer largas y fructíferas jams para ir conociéndose y explorar nuevos sonidos. Van tocando a lo largo de 1968 en bares y locales de los alrededores de New York y gracias a las labores de Pearlman consiguen abrir algunos bolos para gente como Maddy Waters, The Band o Grateful Dead.

 

Para sorpresa de ellos, en uno de estos conciertos se presenta Jack Holzman, flamante dirigente del sello Elektra. Éste se queda prendado del grupo y no se lo piensa mucho antes de ofrecerles un contrato discográfico. Como es lógico aceptan inmediatamente, quizás intuyendo un exitoso futuro por delante... pero las cosas no iban a ser tan fáciles. Con el dinero de adelanto que les había dado Holzman se apresuran a mejorar su equipo y en 1969 entran a grabar un puñado de temas (producto de numerosos meses de composición y evolución musical en el caserón de Stone Brook) en los estudios que Elektra tenía en Los Angeles. Sin embargo, aquí comienzan una serie de problemas que acaban con todos sus planes. Braustein, bastante problemático y voluble, se pone difícil y dice que sus ideas musicales apuntan a una dirección muy diferente a la del resto del grupo (además tenía serios problemas para cantar, tal y como se había demostrado en unos desatrozos conciertos organizados por Elektra para telonear a Jethro Tull o Jeff Beck). Decide abandonar repentinamente el grupo, dejando incompleta la grabación del disco. Con lo cual la banda entra en una profunda crisis difícil de solventar. Pero Pearlman intenta desesperadamente solucionarlo introduciendo un nuevo cantante: Eric Bloom. Éste ya había formado parte de varios grupos locales de Nueva York (incluido los seminales Lost and Found). Había adquirido así cierta fama en la zona no solo como intérprete y guitarrista sino también como promotor de conciertos, además era conocido de todos ellos a través de algunos amigos comunes de la universidad. Por lo demás, su voz se adaptaba perfectamente al estilo del grupo.

 

Pero Elektra no estaba muy conforme con este repentino cambio. Habían visto en Braustein un buen filón comercial, ya que por su aspecto y actitud querían promocionarlo como el Jim Morrison de la costa este, y Bloom no entraba exactamente en esta descripción, con una apariencia mucho más dejada y que podríamos definir como “macarra”. No obstante los responsables del sello deciden al final darle una oportunidad tras presenciar una audición. Entran de nuevo en el estudio para regrabar los temas abandonados, esta vez con Bloom. Por lo demás el nuevo integrante ejerce su influencia en el sonido del grupo, desplazándolo un poco desde la inicial tendencia psicodélica, muy cercana a lo que llegaba de los grupos ácidos californianos, hacia un rock mucho más crudo, más característicamente neoyorkino o de la escena en Detroit. Esto, más la urgente necesidad de distanciarse de la mala imagen creada por sus últimos conciertos, les lleva a cambiar nuevamente de nombre. Ahora se llamarán Stalk-Forrest Group. Además, Sandy Pearlman, con sus aspiraciones de gurú, les propone una serie de nombres artísticos a cada integrante del grupo, cosa que todos rechazan salvo Don Roeser, el cual decide usar el apodo de Buck Dharma, y así es tal y como será conocido en adelante. Tras grabar esta nueva demo vuelven a New York. Se va a editar un single con dos temas de este material, pero al poco les llega la triste noticia de que de Elektra ha decidido no seguir con ellos, ya que el sello no ha quedado conforme con el resultado.

Sin embargo, se trataba de un buen disco (fue rescatado del olvido en una edición en CD, para oirlo pulsar aquí), que contaba con algunos temas sobresalientes como “Donovan's Monkey” o “A fact about Sneakers”. Son canciones brillantes que suelen incluir partes improvisadas muy inspiradas, donde relucen especialmente las buenas melodías y la versátil guitarra de Roeser. La decisión de Elektra indica hasta que punto se preocupan los sellos de la época por la imagen de los grupos que editaban. 

 

A causa de esta decepción y también por algunos encontronazos con sus compañeros producidos durante la grabación, Winters abandona también el barco. Se presentaba así otra nueva crisis, pero por suerte es sustituido rapidamente por el hermano de Albert, Joseph Bouchard. Con esto la banda quedaba ya establecida con una formación que duraría unos cuantos años, con seguridad los más fructíferos de toda su carrera. Pearlman decide en ese momento tomar más ferreamente las riendas artísticas del grupo y escribe junto a su amigo Meltzer unas letras mucho más oscuras, sobretodo con la intención de crearles una nueva imagen acorde con el giro musical que la banda iba tomando desde la entrada de Bloom. Sus escritos se enriquecen con visiones narcóticas, ciencia-ficción y mucha megalomanía provenientes de su colección de poemas llamada Imaginos (que el grupo llegó posteriormente a adaptar en su totalidad en el disco conceptual de mismo nombre editado en 1988, para escucharlo pulsar aquí).

 

Tras ser oidos en una fiesta por el ingeniero de sonido David Lucas, graban en su estudio una demo en ocho pistas con nuevos temas (algunos de ellos reconstrucciones del disco no editado por Elektra) que Pearlman le da a su amigo Murray Krugman, quien trabaja para el sello Columbia. Los jefazos del sello se muestran muy interesados por esta demo y se les pide una audición, la cual tendrá lugar en un pequeño salón de actos de la CBS de New York. Causan verdadera impresión y son fichados inmediatamente por la Columbia para editar un disco. Es cuando Pearlman, en un arrebato de inspiración, les cambia nuevamente el nombre por el de Blue Öyster Cult (los dos puntos sobre la O fue idea de Lanier), una enigmática expresión proveniente de la etiqueta de su cerveza preferida. Al parecer el nombre no agradó demasiado, pero terminan por aceptarlo a falta de otro nombre mejor (habían probado otros como Oaxaca o Santos Sisters), una decisión que a la larga se vió acertada. A partir de ahí todo se precipita y con esa nueva denominación entran a grabar en octubre de 1971 a los estudios de Warehouse de New York. Para enero del 72 ya estaba el primer disco oficial del grupo (para oirlo pulsar aquí) en las calles, de título homónimo, con todo el bombo y platillo que Pearlman y Meltzer pudieron dar a través de los medios a los que tenían acceso (que no eran pocos). Como apoyo, en los programas de radio-fórmula estuvo sonando el tema “Cities On Flame With Rock'n'roll”, aunque pronto se confirmó que resultó un tema demasiado comercial, algo que sorprende hoy en día pues es uno de los más conocidos de la banda.

 

Así que, ya fuera por fallos en la promoción o porqué el single no llamó demasiado la atención, las ventas fueron discretas. Al poco se comprobó como de importante fue la portada del disco, obra en blanco y negro del artista Bill Gawlick. Se trataba de un diseño francamente impactante que llamaba fuertememte la atención. Gawlick usó una variación del signo astrológico de Saturno / Kronos para el centro de la cubierta, lo cual, dado sus reminiscencias religiosas, alquímicas y metafísicas, aportó un potente halo de misterio que calzaba a la perfección con las retorcidas y herméticas letras de Pearlman y que el grupo no hizo sino aumentar con su puesta en escena, siempre ataviados de cuero, cadenas y collares de púas, una estética que les hizo valederos de cierta fama de pro-fascistas, satánicos y cosas peores. Los crecientes seguidores del grupo tomaron rápidamente este símbolo, pintándolo en los muros o en sus ropas, extendiendo por todos sitios el que se convirtió en reconocible logo del grupo.

 

Centrándonos en la música, este primer disco es una obra maestra donde se entrecruzan los orígenes de la banda: la psicodelia, y donde también está presente su evolución hacia el hard rock, aunque acogiendo otras numerosas influencias como pueden ser el blues rock o el progresivo. En definitiva, el resultado no es facilmente clasificable, igualmente suenan sutiles y etéreos que terriblemente guitarreros. Podríamos situar a Blue Öyster Cult en la misma onda de Alice Cooper a comienzos de los 70, un músico por el que sentían mucha atracción  (tanto por sus discos como por su revolucionaria puesta en escena) y con el que tocaron varias veces a lo largo de la gira de presentación del Killer.

 

Qué duda cabe, la peculiar producción del disco por parte de Pearlman y Murray Krugman) es crucial para que suenen de esa forma algo irreal y teatral, casi como una sátira del rock que no se tomara muy en serio a si misma (aunque esto ocurrirá con todos sus discos), lo cual aportaba un valioso sentido del humor tan escaso en el rock a partir de los 70 (con excepciones, por supuesto, ahí tenemos a Zappa). La voz de Bloom, eficazmente apoyada por los coros de sus compañeros, se revela como una de las más personales de la escena de ese momento, transmitiendo con fuerza los tenebrosos textos de Pearlman y Meltzer. El disco se abre con “Transmaniacon MC” un inolvidable temazo donde las guitarras sueltan sin descanso un riff sobre una base rítmica muy buena y compacta. Es un inicio inmejorable. “I'm on the Lamb but i ain't no Sheep”, siguiente corte, es otro fenomenal ejemplo de fuerza rockera equilibrada por una atmósfera bastante psicodélica y difuminada. “Then Came the last days of May”, por su parte, es una especie de balada de energía muy contenida y que resulta realmente emocionante, donde Buck Dharma se marca unos punteos proverbiales. Entra después uno de los himnos más conocidos de BÖC: “Stairway to the Stars”, un corte que es perfecto mire por donde se mire y donde se auna imaginación y macarrismo desvergonzado a partes iguales. Es Impresionante el solo de guitarra, que deja claro porqué Buck Dharma es, para los buenos conocedores, un héroe mítico entre los guitarristas de rock. “Before the Kiss, a Redcap” rompe un poco con la tónica anterior, sonando con más teatralidad aun, especialmente en la fabulosa parte central del tema. Es sin duda otra joya, como también lo es “Screams”, tema bastante suave que claramente ahonda en la tendencia psicodélica gracias a la aportación del órgano y una producción excepcional. Le sigue “She's as beautiful as a foot”, con una letra francamente surrealista (“Ella es bella como un pie”). Musicalmente es una compleja estructura sonora por su combinación de la voz de Bloom con las guitarras y el órgano, contando además con una perfecta base rítmica de los hermanos Bouchard. “Cities in Flame with R'n'R” es, tal y como indica su título, un incendiario tema rockero con un ramalazo muy blusero (al parecer se basaron en el tema “The Wizard” de Black Sabbath para componerlo, nótese en el comienzo), cantado esta vez por Bouchard, donde él mismo y Buck Dharma se lucen a gusto. “Workshop of the Telescopes” es otro corte muy psicodélico y extraño que parece sacado de una película de ciencia-ficción de los años 50, un auténtico viaje psicotrónico. “Redeemed”, que es un corte muy acústico y algo más alegre que el resto da por terminado el disco. En mi opinión este es, sin exagerar, uno de los 10 mejores y sobretodo más originales discos de la historia del rock... es de escucha absolutamente imprescindible.

La banda se sumergió de lleno en una larga y agotadora gira de promoción para apoyar el disco, a veces compartiendo escenario con grupos que nada tenían que ver con el estilo de BÖC, como The Mahavishnu Orchestra por ejemplo. Entre otras dificultades, estaba la falta de práctica para afrontar grandes audiencias y el grupo tuvo que aprender desde cero en este sentido, aunque para ello contaron con grandes maestros como Alice Cooper, al que, como ya dijimos antes, acompañaron en varios bolos y con el que pudieron comprobar como se pueden crear grandes y espectaculares puestas en escena. Si bien Alice Cooper explotaba el terror y el humor negro ellos aprendieron a ser, ante todo, excesivos. Grandes y exagerados amplificadores, seguramente sin uso muchos de ellos, motos de gran cilindrada en el escenario, Bloom impartiendo discursos absurdos, poses teatrales cruzando las guitarras y la impactante visión de verles con 4 o más guitarras en el escenario. Debido a la falta de tiempo y la necesidad de promocionar el disco a toda costa tuvieron que preparar su siguiente album sobre la marcha, componiendo y ensayando en los distintos lugares que iban recorriendo. Para este disco se empeñaron en sonar más pesados, más en la linea del hard rock (que ya empezaba a llamarse heavy metal) del momento, con la intención de ser algo así como los “Black Sabbath americanos”. Sin embargo, pese a sonar bastante fuertes no abandonaron su carácter tan especial (sobretodo en el sentido del humor) y variado, sus temas seguían siendo muy difíciles de ubicar. Aun así, para la crítica del momento este nuevo disco, que sería titulado Tyranny and Mutation (para oirlo pulsar aquí), editado en 1973, significó el verdadero inicio del heavy metal en Estados Unidos. Sin entrar a discutir eso, sí que es verdad que este disco fue de gran influencia en multitud de bandas de rock duro que surgían o que estaban en estado de germinación en ese momento y que eclosionaron a partir de 1976 o 1977.

 

Ahora componían los temas de una forma mucho más grupal que antes, lo que se nota muy claramente en este nuevo album, ya que suena mucho más compacto. En eso tiene también que ver el tipo de producción, esta vez mucho más limpia y profesional. Si bien se perdió esa especial atmósfera psicodélica del primer disco, crucial para que sonara único, ahora se ganó en fuerza, que al fin y al cabo es lo que ellos querían. Nuevamente cuentan con una excelente cubierta a cargo de Gawlik. Es una ilustración a tres colores que representa una especie de zigurat hipermatemático, un templo del Culto de la Ostra Azul. Seguían por tanto sin abandonar ese halo de misticismo bizarro que les había hecho célebres y tan polémicos. Además, el vinilo diferenciaba ambas caras como A: The Black y B: The Red. No es que fuera un album conceptual, se debía a toda la parafernalia de desorbitadas fantasías de megalomanía surrealista y ciencia-ficción puestas al servicio del grupo por un Pearlman que se encarga aquí de casi todas las letras.

El disco se abre con “The Red & the Black”, una nueva reelaboración de un tema ya incluido en el primer disco (a su vez proveniente del disco para Elektra), pero que allí se llamaba “I'm on the Lamb”, aquí es mucho más rápido, con un inicio guitarrero descomunal que explota en los altavoces al inicio del tam. Cuenta con un trabajo mucho más definido del bajo, ya que con este tipo de producción se aprecia más la labor de J. Bouchard. “O.D.'d on the life itself” es un corte mucho más lento, con un cierto toque funky que se aparta del tono normalmente siniestro que gustaban gastar, pero no por ello deja de ser una gran canción. “Hot rails to hell” es otra exquisita macarrada, increible tema apoyado en un potente riff desgranado a largo de todo su minutaje. “7 Screaming Diz-Busters” es otro de los himnos de la banda que justifica su fama de pioneros del heavy metal, aunque es verdad que de una manera muy alejada de los clichés propios ese estilo. Aquí es especialmente apabullante el sonido de las guitarras, así como el uso del órgano al final del tema. “Baby Ice dog” está co-escrita por Pati Smith, que por entonces era novia de Allen Lanier. Es un tema con mucha presencia de órgano, algo que también ocurre en “Wings Wetted Down” (con una letra, al parecer, basada en algunos poemas de Pablo Neruda), tema con un toque muy decadente y melódico, con un gran trabajo a los teclados. Esto da paso a otra excelencia como “Teen Archer” ( única letra escrita por Richard Meltzer en este disco), rebosante de melodías (¡¡¡excelentes las voces!!!) y con unas guitarras deslumbrantes combinadas con un solo de órgano de antología. Es realmente un corte genial. “Mistress of the Salmon Salt” es el último corte, un magistral cierre para un disco que ahonda en algunas de las características del primero, pero llevándolo a sonidos mucho más duros.

 

Con este segundo trabajo la banda vende más ejemplares en todo el mundo, con lo que su fama crece considerablemente. Gracias a esto viven un buen momento que les permite relajarse algo más en comparación con el ajetreo de giras anteriores. En esta situación esperan hasta un año para preparar un nuevo album que se titulará Secret Treaties (para oirlo pulsar aquí). Viene embuelto en una cubierta algo diferente, también es un dibujo en blanco y negro, obra de Ron Lesser, pero esta vez representa a la banda delante de un Messerschmitt 262, el avión supersónico alemán que Hitler quizo utilizar como el arma definitiva para la Segunda Guerra Mundial. El piloto del avión es un esqueleto. En sustitución de la esvástica el ilustrador colocó el símbolo de Saturno / Kronos adoptado por la banda, lo cual sirvió para aumentar la fama de BÖC ser un grupo políticamente tendente al fascismo. Sin embargo, todo forma parte de la promoción del grupo, siempre basada en la exageración y el humor ácido. Teniendo en cuenta que Eric Bloom es judio resulta muy cuestionable que el grupo quisiera hacer una verdadera apología del nazismo.

Secret Treaties es un album mucho más suave que los previos, más apoyado en las melodías vocales y unas guitarras muy matizadas en comparación con la electricidad desatada de antes. Aquí BÖC se dejan impregnar más por la música del momento, siguen siendo ellos con sus múltiples influencias, pero se percibe una similitud con músicos como Alice Cooper o el Bowie más eléctrico, abriéndose así a un rock intermedio con ciertos toques pop, una tendencia que se incrementará posteriormente. Por lo demás, hay una producción altamente cuidada y un mayor uso de la tecnología disponible en el época. Aun así, siendo justos, sigue siendo un disco muy guitarrero para ser de 1974, epoca en que los grupos de rock tienden a aplanar el sonido de este instrumento, y además, pese a contar con sintetizadores ellos siguen utilizando, en combinación con éstos, los típicos Hammonds de principios de los 70, lo cual ayuda a mantener cierto toque añejo que muchos otros grupos del momento habían perdido empeñados en parecer lo más modernos posibles. Les va muy bien en las ventas y su fama mundial crece más todavía. Sin embargo, curiosamente la gira por Europa se torna desigual. En sitios como Noruega llegan a tocar incluso ante una escasa docena personas.

 En lo respecta al disco, este se abre con “Career of Evil”, canción nuevamente co-escrita junto a Pat Smith. Es un tema bastante contenido, muy apoyado en los órganos y con una melodía vocal muy conseguida y de gran calidad. “Subhuman” es algo más marchosa, nuevamente con gran presencia de los teclados (omnipresentes en todo el album) aunque más guitarrero. “Dominance and Submission” crece en fuerza, es más al viejo estilo del grupo, con un riff a dos guitarras y un Eric Bloom cantando mucho más agresivo. Hacia el final un gran solo de Dharma. “ME 262”, es el corte que da el motivo a la portada del disco. Se trata de un potente rock'n'roll-boogie donde se relata las aspiraciones de Hitler de destruir Inglaterra con su arma defnitiva: el caza Messerschmitt 262. “Cagey Cretins” es quizás uno de mis cortes preferidos del disco, un potente rock con unos coros muy melodramáticos y una fuerte base rítmica, todo ello combinado con un buen uso del órgano. “Harvester of eyes” es otro gran tema, con mucho lucimiento de Buck Dharma a la guitarra. Aquí llegamos a las dos joyas que cierran el disco. Con “Flaming Telephats” nos encontramos con una excepcional melodía vocal, incorporada sobre una base instrumental magnífica. Hay una momentánea presencia del moog, el sonido sintético que más de moda se puso a mediados de los 70, pero aquí se utiliza sin sobrecargar. Por si fuera poco escuchamos un estupendo trabajo de Buck Dharma a lo largo de todo el corte. Y finalmente llega “Astronomy”, que comienza como una balada y poco a poco va cargándose de potencia y lirismo, para total lucimiento de la portentosa guitarra de Dharma. Es un fin magistral para un disco que cierra una etapa irrepetible de Blue Öyster Cult y que Roeser definió como “nuestra época en blanco y negro”. Añadir que para este disco se edito un single con el clásico de Steppenwolf: “Born to be Wild”, un merecido tributo a uno de los grupos mas influyentes para BÖC.

 

Tras Secret Treaties sale un magnífico disco en directo, lo que sirve como un antes y después para el grupo, ya que prosigue su carrera publicando todavía algunas grandes canciones y consiguiendo algunos destacables éxitos comerciales, pero fueron bajando paulatinamente alejándose de su sonido primario, así como en su energía. Quizás por querer explotar el éxito conseguido con la famosa “(Don't fear) The Reaper” incluida en Agents of Fortune, poco a poco fueron derivando a un rock bastante más comercial y de desigual calidad, pero que sin duda consiguió atrapar a muchos fans. Quizás fueron en parte víctimas, entre otras cosas, de una confusa epoca para las bandas veteranas de los 70 como fueron los años 80. En todo caso son discos con poco interés para el que escribe, al menos en comparación con las cimas artísticas conseguidas en sus tres primeros álbumes.

 

 

Artículo de Antonio Ramírez