Colosseum

 

Muchas grandes bandas de los 60 y 70 van quedando en el limbo del olvido para el público menos especializado. Colosseum es uno de esos grupos que corren el peligro de ser borrados de la memoria colectiva, de nada sirve que la totalidad de sus discos superaran la media de calidad que había en su momento (lo cual supone mucho) o que la mayoría de los músicos que pasaron por sus filas hayan formado parte antes o despues de otras bandas célebres. Es lamentable, pero la realidad es que Colosseum ha quedado en un injusto segundo plano desde la perspectiva que hoy se tiene del rock de esa época, como también ha ocurrido con otras muchas bandas de enorme calidad. Así pues, con este artículo queremos refrescar, en la medida de nuestras posibilidades, el recuerdo de uno de los mejores grupos de rock progresivo que surgieron por esos años.

 

Si Colosseum llegó a existir fue por la voluntad de su principal miembro fundador, verdadera alma mater del grupo durante todas sus etapas: Jon Hiseman, veterano baterista que se había labrado una importante reputación desde comienzos de los 60 trabajando como músico de sesión (por ejemplo grabando con el mítico Arthur Brown) o formando parte de bandas seminales como The Graham Bond Organisation (donde substituyó a otro grande: Ginger Baker) o con el abuelo de todo el cotarro: John Mayall. Su paso por los Bluesbreakers de Mayall fue, de hecho, crucial para la génesis de Colosseum, pues allí tuvo la ocasión de trabajar codo con codo con Tony Reves, futuro bajista de la banda y Dick Heckstall-Smith, virtuoso saxofonista que ya conoció en el grupo de Graham Bond.

 

Poco a poco, todas estas idas y venidas, importantes para la formación en todos estos músicos de un sentimiento musical que se fue moldeando a la luz de las nuevas músicas que en esa época iban surgiendo y mezclándose (psicodelia, rock progresivo, blues y hard rock), dio como resultado el interés de hacer algo nuevo. Sin duda, John Mayall y Graham Bond fueron imprescindibles pioneros en la escena inglesa, pero Hiseman necesitaba dar rienda suelta a una inspiración que parecía querer superar esos antecedentes estilísticos. Su idea era fusionar la libertad improvisadora del jazz, la cadencia del blues y la fuerza del rock, creando algo no visto hasta el momento, sin excesiva experimentación, pero extendiendo los límites de los sonidos clásicos. El resultado fue un rock que podríamos denominar como progresivo, aunque sin parangón en esa etapa primigenia del estilo, pues tenía poco que ver con bandas como Nice, Soft Machine o King Crimson e igualmente estaba alejado del blues rock que bandas como Cream o Savoy Brown habían lanzado poco antes. De esa manera, Colosseum se colocaron en un punto intermedio, gustando tanto en ambientes más selectos como el jazz como en otros más populares como el rock y el pop, lo cual, irónicamente, les perjudicó a la hora de ser clasificados y valorados por los medios musicales.

 

Con esta ambición en mente de crear un tipo de música híbrida entre la vanguardia y lo tradicional Hiseman pronto de se vio rodeado de una banda excepcional dispuesta a hacerlo realidad. Dick Heckstall-Smith era un saxofonista que sin dejar de ser bastante clásico en su sonido sabía adaptarse a ritmos fuertes y combinarse a la perfección con otros instrumentos como el órgano Hammond. Su trayectoria, aunque iniciándose en el jazz desde finales de los 50, terminó por acercarle más al blues y r'n'blues. De hecho, antes de su decisivo paso por la banda de Mayall había llegado a grabar con Alexis Corner ya en 1962. Tony Reeves había tocado el bajo con Mick Taylor y Davy Graham antes de ser fichado también por Mayall para grabar su Bare Wires en 1968, donde entró en contacto con Hiseman. Junto a éstos, llegan a la banda el teclista Dave Greenslade, que venía de tocar en algunas formaciones de Jazz y r'n'blues, entre otras los Thunderbirds de Chris Farlowe (el cual sería poco despues también miembro de Colosseum) y el joven guitarra / vocalista James Litherland, quien había visto un anuncio de la banda buscando un guitarra y fue admitido rápidamente tras una audición.

 

Así, con una formación ya establecida comienzan a preparar temas con idea de editar su primer disco. Inmediatamente interesan a Fontana Records, quien les ficha para lanzar lo que será su primer LP bajo el largo título de Those Who Are About To Die Salute You, Morituri Te Salutant,  que como sabemos es el saludo que lanzaban los gladiadores cuando saltaban al coliseo. El disco sería grabado a finales de ese año y editado a comienzos de 1969. Este primer trabajo, sin dejar de ser en conjunto un disco muy bueno, es sin duda el reflejo de un grupo que busca todavía su camino. La calidad de los músicos, no obstante, solventa cierta inconsistencia en el estilo global y la colección de temas que forman el disco es de un alto calibre.

 

Se abre el disco con “Walking in the Park”, versión de un tema de Graham Bond y que Colosseum resuelve en un potente r'n'blues evolucionado donde destaca la base rítmica de Hiseman/Reeves y la guitarra en estado de gracia de Litherland. Éste no se queda atrás como vocalista y hace su trabajo con auténtica pásión. En resumen, un temazo que deja ver el poderío de Colosseum en estado puro. Sigue a esto “Plenty Hard Luck”, un blues rock con fuerte presencia de órgano Hammond y saxo combinados en un largo solo. Aquí Heckstall-Smith toca dos saxos a la vez, emulando a su ídolo Roland Kirk, algo que hará en muchos otros temas de Colosseum. “Mandarín” es un curioso instrumental basado en parte en las escalas de la música tradicional japonesa. Destaca aquí el impresionante bajo de Tony Reeves. “Debut” es uno de los primeros temas que la banda compuso y se nota mucho en su aire sixtie, aunque en esencia es un potente r'n'blues con fuertes entradas de todos los instrumentos que aprovechan sus solos para lucirse con soltura y elegancia. “Beware the Ides of March” es un experimento tomando como base un tema de Bach. El resultado es un corte a veces melancólico (en esos momentos se parace mucho a "Wither Shade of Pale" de Procol Harum) y otras frenético. Fabulosa la labor del órgano de Greenslade subiendo de intensidad a medida que avanza los minutos y como se intercala con la salvaje guitarra de Litherland, a los que finalmente se suma Hecktall-Smith a los vientos. Fabuloso tema instrumental. “The Road She Walked Before” es un tema compuesto por Dick Hecktall-Smith. Como “Debut”, tiene un aire muy sixtie y en este caso también cierto aroma “tropical”. En definitiva es un número bastante balilable y marchoso. “Backwater Blues” es una versión de un clásico tocada de forma sumamente elegante, sin demasiadas prisas, y donde Litherland demuestra otra vez que es un vocalista notable. Cierra el LP “Those About to Die”, un maravilloso instrumental que sirve para que todos los integrantes del grupo demuestren sus dotes. Sobre la excepcional base rítmica de Hiseman y Reeves la guitarra de Litherland crea figuras sin titubear. El Hammond también ataca con una sonoridad deliciosa combinándose con los vientos. Sin duda, una de las mejores piezas del disco.

 

Este disco es recibido bastante bien, llegando al número 15 de las listas de ventas, como consecuencia el grupo actúa en el programa de radio de la BBC llevado por el popular DJ John Peel. Su fama de músicos virtuosos comienza a afianzarse gracias a unos directos cada vez más espectaculares. Paralelamente a su actividad en Colosseum Hiseman y Heckstall-Smith colaboran también en el primer disco en solitario de su buen amigo Jack Bruce, participando en varios de los temas de ese impresionante LP que es Songs for a tailor, también colaborarán en su siguente disco.

 

Tras lanzar Those Who Are About To Die Salute You... pasan a estar bajo la protección de Vertigo Records, nuevo sello que dependía de Phonogram (y posteriormente de Polygram). Este sello había sido creado (usando la infrestructura de Fontana Records) con la intención de promover el rock progresivo y para ello Colosseum fue elegido como su primera referencia. Despues le seguirían ediciones de discos de Juicy Lucy, Cressida, Black Sabbath y otros míticos grupos de la época.

 

Aprovechando las circunstancias no esperan demasiado tiempo y siendo todavía 1969 editan un nuevo LP, que será Valentyne Suite, el cual si puede ser considerado como el disco donde Colosseum encuentran su verdadera voz. No por casualidad todos los temas del disco son obra de ellos, ya no necesitan tirar de ninguna versión para convencer al público de su propuesta. La evolución desde el anterior disco es sencillamente impresionante, subiendo en potencia y complejidad este LP se revela como un mágnifico ejemplo de las muchas posibilidades del rock progresivo en su máxima expresión.

 

El disco se abre con “The Kettle”, un estridente y agresivo tema que tiene como protagonista absoluta la guitarra de James Litherland (también su voz destaca por sus “aullidos” tan acompasados con el wah-wah y las guitarras en doblete). Queda este tema como una cima del guitarreo desatado y es curioso que sean Colosseum quien lo hiciera, no porque no sea un grupo potente, sino porque se caracteriza más bien por la elegancia y aquí resultan sencillamente salvajes. Seguimos con “Elegy”, un corte mucho más suave y contenido, más basado en los vientos de Hecktall- Smith. En esta ocasión se acompañan además con un exquisito cuarteto de cuerda. “Butty's Blues” es, como su nombre indica, un blues tocado con absoluta maestría por todos los músicos del grupo. Es notable el riff de órgano en conjunción con el saxo y como Litherland canta con total pasión y maestría. Por si fuera poco, en el centro del tema hay un solo de Hecktall-Smith de gran belleza. En cierta manera, sobretodo por este tipo de temas centrados en el blues, podríamos comparar a Colosseum con otros grupos del momento, como puede ser Blood, Sweat and Tears o los primeros Chicago, pero la verdad es que Colosseum tiene una calidad y unas intenciones progresivas que los hace estar muchas cabezas por delante de estos grupos, además de ser mucho menos comerciales. “The Machine demands a sacrifice” es un corte más cercano al hard rock donde ante todo destacaría las percusiones de Jon Hiseman y el órgano de Greenslade. Con “The Valentyne Suite” llegamos a lo mejor del disco, ya de por si sobresaliente hasta ese momento. Pero es que este tema es realmente muy especial, con su inicio tan inolvidable con ese emocionante arranque de órgano y vibráfono. Este largo corte de más de 16 minutos se divide a su vez en tres secciones: “January's Searh”, “February's Valentyne” y “The Grass is always greener”, todo una aventura sonora llena de genialidades y detalles que pondrán los pelos de punta a cualquier amante del rock progresivo, como los largos y laberínticos solos de órgano de Greenslade, la bestial y a la vez sutil base rítmica o incluso los coros que aquí y allá dan a todo ello un halo épico y sobrenatural. Con este tema dejan establecida una de esas cumbres del género muy difícil de superar.

 

Con este segundo disco vuelven a tener una respuesta comercial muy aceptable y llegan otra vez al número 15 de las listas de UK. Aun así, pese a la buena marcha del grupo, ocurren cambios en Colosseum: Litherland deja el grupo para formar Mogul Thrash con una fomación donde contaba, entre otros, con el genial John Wetton (futuro bajista de King Crimson en la etapa 73-75) y las colaboraciones de Brian Auger. Como substituto Hiseman encuentra a Dave Clempson, al que normalmente llamarían Clem, proveniente del trio de hard blues Bakerloo (cuyo único disco es una pieza imprescindible en cualquier colección que se precie).

 

Clempson resulta un guitarrista excepcional, desde luego más marcado por el blues que Litherland, pero no es un buen cantante. Aun así se encarga de la voz en las siguientes grabaciones del grupo. El resultado sería “The Grass is Greener”, LP que sería editado en 1970, aunque exclusivamente en los USA y con portada exactamente igual que la de Valentyne's Suite. Este hecho ha creado multitud de confusión durante años entre los fans del grupo, sobretodo en lo referente a la participación de James Litherland, pues este extraño LP (ejemplo de como se hacían las cosas durante aquella época, especialmente si se trataba del mercado americano) incluía algunos temas inéditos con la guitarra y voz de Clempson, pero otros ya editados donde Clempson ha regrabado por encima, y un único tema, “Elegy”, donde la voz de Litherland ha sido respetada según la grabación original. ¡Un verdadero lío! En todo caso, se trata de un disco muy bueno y destacaría sobretodo los temás inéditos, como es “Jumping off the Sun”, potente hard rock de imparable velocidad y efectiva melodía vocal, que poco después Colosseum volvería a regrabar con mejor resultado todavía. “Lost Angeles” también es un corte a tener en cuenta, donde Clempson hace un solo deslumbrante cercano a la psicodelia. También este corte sería reutilizado posteriormente (concretamente en el Live de 1971) ampliándolo y perfeccionándolo. Lo mismo ocurrió con la primera versión que Colosseum hizo de un tema de Jack Bruce: “Rope Ladder to the Moon”, también incluido en este disco. Y finalmente están otras joyas como son “Green is Greener”, versión alternativa de la última parte de Valentyne's Suite y el “Bolero”, curiosa adaptación de la célebre obra de Ravel.

 

Poco después de la edición de este disco hay otra nueva baja en Colosseum, pues Tony Reeves deja el grupo (posteriormente entraría en la formación en solitario de Greenslade). Tras probar con varios bajistas su lugar lo ocupa definitivamente Mark Clarke (más conocido por su posterior paso por Uriah Heep). Clempson había demostrado ser un guitarrista fabuloso, pero como cantante era muy limitado, así pues, Hiseman decide buscar otro vocalista y la elección recae en Chris Farlowe, amigo de Greenslade y veterano músico de la escena r'n'blues inglesa. Farlowe es un vocalista realmente excepcional y con un punto estravagante que venía muy bien al carácter épico que Colosseum estaba tomando, pues el proyecto inicial de Hiseman de fusionar el Blues y el jazz estaba dando como resultado un rock poderoso muy difícil de definir y Farlowe daría el toque definitivo a esta mezcla.

 

Con esta nueva formación grabarían el que para mi es el mejor disco de Colosseum, pues contiene tal cantidad de ingenio, pasión y sentimiento que faltan las palabras para describir su música. Editado en 1970, nuevamente por Vertigo, este disco es mucho más potente que los anteriores y sin embargo también más delicado en algunos momentos realmente sublime, y sobretodo transmite con más intensidad esa atmósfera épica e inabarcable que caracterizaría el sonido de Colosseum.

 

Se abre con “Three score and ten, Amen”, corte que se inicia con unos coros y los diestros toques de Hiseman, un batería de primer orden; pronto entra una fuerte linea de bajo y la voz de Farlowe a través de un ritmo muy rápido. El saxo de Heckstall-Smith suena por el fondo sin tomar todavía demasiado protagonismo. En el centro escuchamos a Clempson a las seis cuerdas. El conjunto es una pieza contundente, pero que contiene una parte suave con un pequeño recital poético de Heckstall-Smith (que puede recordar a los del escritor Mike Moorcock en Hawkwind) y que termina nuevamente de forma muy intensa. Brutal forma de empezar un disco. El segundo corte no baja de nivel en absoluto: “Time Lament” se abre con una pequeña y preciosa sección de vientos y cuerdas, pero pronto se inicia el tema propiamente dicho con un aire melancólico gracias a la portentosa voz de Farlowe acompañada de toda la banda a una sola vez pero conteniendo su fuerza, aunque solo hasta la mitad del tema, pues a partir de ese punto rompe el saxo con mucha intensidad y el resto de la banda se desata yendo a por todas. “Take me back to Doomesday” también se abre con una breve introducción, esta vez del piano de Greenslade, que continúa tocándolo en el resto de un tema que es mucho más acelerado que los anteriores, con un aire muy épico (la letra trata sobre los Caballeros del Rey Artutro) y más intervención de guitarra, además de unos mágnificos toques de flauta que le dan un aire a lo Blodwyn Pig. “The Daughter of Time” es una pieza monumental, empezando con la sección que la abre con una melodía exquisita. Después Farlowe empieza a cantar y la intensidad sube mil grados. La batería suena poderosa, preparando el terreno para que la guitarra haga una tremenda entrada tomando el control y convirtiendo la canción en una excelente muestra del mejor hard progresivo. “Theme for an Imaginary Western” es una gran versión de un tema que Jack Bruce interpretara estando ya fuera de Cream, aunque fue escrita antes de la separación. Esta pieza también sería recreada por los Mountain (no hay que olvidar que Felix Papalarddi, productor de Cream, estaba en ese grupo). Se me hace muy difícil decidir cual de las versiones (contando la original) me gusta más, estamos hablando de grupos del más alto nivel y cada cual aporta algo valioso a su interpretación. En fin, esta versión de Colosseum es realmente buena, especialmente por la proverbial interpretación de Farlowe. “Bring out your dead” es una maravilla de instrumental made in Colosseum. En la práctica es un intenso diálogo entre el virtuoso Hammond de Greenslade (y sus inconfundibles toques de vibráfono) y la guitarra tan agresiva como delicada de Clempson, todo ello envuelto en la fuerte base rítmica de Clarke y Hiseman. De lo mejor del disco. “Downhill and shadows” es quizás el tema que más me gusta, un bestial blues progresivo y de desarrollo tortuoso que Colosseum se marca como si tal cosa. El grupo, sin abandonar en ningún momento la estructura clásica del blues, va desplegando su talento en desarrollos instrumentísticos que quitan la respiración, especialmente por el pedazo de solo que Clempson toca a lo largo de todo el corte, de inicio pausado y que poco a poco va cogiendo velocidad hasta llegar al paroxismo. Termina el disco con “The Time Machine”, el largo solo de batería que no podía faltar, muy en la línea de otros grandes percusionistas de la época.

 

Este tercer disco llega al puesto número 30 de las listas de UK, así que tuvo menos respuesta del público que para los anteriores. La verdad es que en ese momento tenían que competir con verdaderos monstruos musicales que además estaban arrasando en las ventas y Colosseum, poco a poco, iba quedando en un segundo plano en lo comercial, que no en lo artístico, por supuesto.

 

Según parece los conciertos de la gira del Daughter of Time fueron sobresalientes por su intensidad y calidad, la nueva formación se había acoplado a la perfección y su estatus de virtuosos estaba perfectamente justificada. Viendo estos resultados deciden grabar dos de estos conciertos para editar un doble LP que reflejara el espíritu de la banda en vivo. Este disco, Live, sería editado en 1971 por Bronze Records, por lo tanto sería el tercer cambio de discográfica en tan breve lapso de tiempo.

 

Se abre este directo (grabado en la universidad de Manchester y en el local Big Aple) con “Rope Ladder to the Moon”, otro tema de Jack Bruce que ellos se llevan a su terreno en un estilo mucho más agresivo que la original, con Chris Farlowe dando todo de si, Heckstall-Smith haciendo uso de su doble saxo y Greenslade marcándose un brutal solo de órgano Hammond de muchos minutos. Es un inicio espectacular. “Walking in the Park”, versión del clásico de Graham Bond que ya incluyeran en su primer disco y que ellos siempre tocaban en directo en forma de tributo para el veterano músico. Un r'n'blues tocado a toda velocidad y donde todos los músicos se van repartiendo sus correspondientes solos. “Skelington” es un poderoso blues rock donde, ante todo, destaca la incansable guitarra de Dave Clempson y durante un cuarto de hora no para de regalarnos solos de guitarra y riffs asesinos. “Tanglewood'63” es un tema original del jazzero Michael Gibbs con el que había tocado Jack Bruce. Es un melódico ejercicio donde podemos disfrutar de una exhibición por parte de Heckstall-Smith con sus dos saxos tenor y soprano a la vez. “Stormy Monday Blues” es una versión de este clásico y quizás sea un tema que rompe un poco el ritmo del resto del disco, pero es no significa que no sea una pedazo de versión. “Lost Angeles” es una recreación de uno de los temas del disco editado en USA, aquí mucho alargada y llevada a sus últimos extremos. En mi opinión este tema es lo mejor del disco, una verdadera burrada donde todos los músicos se dejan la piel en plan jam, especialmente Farlowe, Greenslade y Clepmson. El largo solo de guitarra que contiene es simplemente antológico y el trabajo del organista casi insuperable.

 

Considero que quien no haya escuchado nunca a Colosseum debería empezar por este disco en directo... quedará atrapado para siempre. Expresa a la perfección las dos vertientes del grupo: por un lado la herencia con los sonidos clásicos del jazz o el blues, y por otro el esfuerzo por superar esa herencia experimentando con el hard rock y el progresivo. La tensión entre ambas vertientes es tangible y refleja muy bien el espíritu de cambio que se vivía en los 70.

 

Tras este disco en directo el grupo se disuelve repentinamente, lo cual es una verdadera pena ya que se encontraban en un momento formidable. Bronze Records reedita todos sus discos y aprovecha para sacar una colección de rarezas: Colector's Colosseum con algunos de los temas extraidos del disco editado en USA y algún que otro inédito muy valioso.

 

Tras la ruptura, todos los músicos de Colosseum prueban en nuevos proyectos, como es el caso de Clarke que entra al bajo con los Uriah Heep y participa en el que para mi es su mejor disco: Demons & Wizards. Chriss Farlowe, por su parte, se marcha con los Atomic rooster para participar en dos discos (en este caso no los mejores). Clempson substituye durante una buena temporada a Peter Frampton en Humple Pie. Hecktall-Smith y Greenslade deciden montar proyectos con su nombre (ambos con colaboraciones de algunos de sus ex-compañeros en Colosseum). Hiseman graba con la superbanda Tempest y ya en mitad de los 70 resucita el grupo bajo el nombre de Colosseum II editando cuatro discos nuevos, aunque en un estilo algo diferente más cercano al sinfónico tan en boga por esa época.

 

Esta nueva etapa de Colosseum daría para un nuevo artículo. Personalmente prefiero la primera encarnación, pero eso no significa que estos nuevos discos no fueran buenos, especialmente el Strange New Flesh de 1976. Para esta nueva etapa contará, entre otros,  con el guitarrista Gary Moore. Posteriormente en los 80, Hiseman probaría suerte sacando discos bajo su propio nombre.

 

En los 90 hubo reunión de la formación clásica con un directo editado en CD y video que llegaba a recuperar parte del espíritu de la banda en sus momentos más bluseros, pero que, para ser sinceros, era una sombra de la grandeza pasada. También se han ido editando varios discos de estudio que un servidor no ha escuchado, quizás me pierda algo bueno, no lo se, pero prefiero quedarme con el gusto de esos primeros discos de la banda, auténticas maravillas del rock de todos los tiempos...

 

Artículo de Antonio Ramírez.