INTRODUCCIÓN

 

En el mundillo metalero (nosotros nos centraremos en el thrash metal, pero es algo que se está dando en otras corrientes como el death o el black) se nota como un deseo de recobrar una especie de pureza o inocencia perdida, por lo que no es raro que surjan bandas que se proclaman como “old school”. Esa es una forma de invocar el espíritu de las bandas pioneras de los años 80. En sentido estricto, este tipo de iniciativas están condenadas al fracaso. Primero: porque el propio thrash fue el hijo bastardo de otros géneros musicales, no existe tal pureza; y segundo: porque de todas maneras es imposible recobrar la esencia de algo que ha ocurrido en un contexto histórico y cultural muy concreto, ya que no se trataría solo de recuperar un tipo de sonido, sino también todo lo que lo rodeaba y por fuerza excedía lo propiamente musical. No obstante, como ya se ha comprobado con otros movimientos revivalistas como son el garage o el rock setentero, es muy posible realizar discos que imiten un tipo de sonido de forma convincente, aunque sea a costa de repetir hasta la saciedad las características generales que supuestamente lo configuran, reduciéndolas a un denominador común reproducible a modo de pastiche. El resultado suele ser discos de impecable factura, aunque llenos de tópicos y lugares comunes, hechos por gente que ha madurado su oído y refinado su técnica machacando los clásicos, pero que irremediablemente aportan poco o nada nuevo a lo que consiguieron sus modelos.

 

En todo caso, esta obsesión por la vieja escuela ha conseguido que las generaciones más jóvenes mantengan su interés por muchas bandas que de otra manera hubieran caído irremediablemente en el limbo musical (menos para los coleccionistas y los sibaritas más recalcitrantes). En consecuencia, muchos de estos grupos veteranos han recobrado nuevas fuerzas y actualmente se mantienen en plena actividad más allá de los predecibles tributos y conciertos conmemorativos. Por ejemplo, bandas como Testament o Anthrax vuelven a estar en el candelero, saliendo de gira o editando discos que, a diferencia de sus discípulos, no pretenden sonar como antaño, algo que de todas maneras hubiera sido muy difícil.

 

Uno de los grupos clásicos que se reunieron al comenzar el nuevo siglo fue Death Angel, mítica banda californiana que en su primera encarnación duró desde comienzos de los 80 hasta 1990. Desde su regreso en 2004 llevan editados cinco discos muy apreciables, potentes, técnicamente extraordinarios, pero que sin duda pueden defraudar a los que busquen los Death Angel originales. En esta nueva etapa parecen haber querido disipar cualquier tipo de dudas sobre su honorabilidad thrasher, sin permitirse demasiadas florituras melódicas ni licencias estilísticas, sin alejarse nunca de los cánones de velocidad y agresividad que caracterizan el thrash metal más ortodoxo, y en consecuencia, sin demasiadas sorpresas o indagaciones en terrenos inexplorados. Pero en sus inicios se caracterizaron por embarcarse en una fulminante evolución en poco más de 4 años (1987-1990), periodo en el que editaron tres LP’s que ampliaron los límites de un género en plena ebullición. Sería muy interesante examinar esa primera etapa, la de un típico grupo de los 80 surgido desde el underground con una propuesta de indudable pedigrí metalera, pero que pronto estuvo inmerso en el centro de un huracán a gran escala que arrasaría con la escena thrash tal y como era entendida entre finales de los 80 y muy comienzos de los 90. Sea como fuere, pese a sus posibles flaquezas o excesos, opino que este grupo representó un intento genuino y honesto de renovación desde la música thrash, aunque algunos de sus movimientos terminaron por ser considerados por muchos fans como una traición. Yo, desde luego, no me encuentro entre ellos. Valga este artículo como homenaje a un grupo imprescindible en la historia del thrash metal y sin duda crucial para muchos de los que vivimos esa época en plena adolescencia y juventud.

 

PAZ, AMOR… Y RUIDO

 

La zona costera de San Francisco y alrededores denominada como Bay Area supuso un polo magnético para muchos movimientos sociales, artísticos y musicales del siglo XX, rodeándose de un halo mítico para siempre. Refugio para artistas malditos, freaks y sediciosos de todo tipo, fue el entorno crucial para el definitivo auge  de la llamada Beat Generation durante los 50 gracias a la labor de Lawrence Ferlinghetti y su librería The City Lights. Durante la segunda mitad de los años sesenta, ciudades como San Francisco, Berkeley, Sausalito, Oakland, etc, fueron el escenario para una convulsa historia de enfrentamientos por la igualdad racial y contra la guerra de Vietnam; también de experimentos con drogas, sexualidad, religión, arte y, por supuesto, música. La explosión del llamado rock ácido de California tuvo su principal epicentro en San Francisco, lugar al que emigraban muchos músicos en busca de una atmósfera más proclive a la libertad artística y personal. No obstante, para comienzos de los 70 la utopía ya había dado paso al desencanto. La desintegración de las bases sociales y culturales que habían hecho posible la radicalización juvenil o de la minoría negra dio paso al cinismo y la normalización de finales de los 70 y comienzos de los 80, propia de la era Reagan, algo que, entre otras cosas, provocó el surgimiento de la efervescente escena punk californiana. Los viejos hippies, muchos de ellos convertidos en placidos ciudadanos de clase media con aspiraciones políticas muy moderadas, veían como sus hijos o hermanos menores se convertían en extraños mutantes. Un artista como Gilbert Shelton, icono de la movida underground en el comic, expresaría muy bien este sentimiento, no sin cierto sentido de la ironía para con su generación, en algunas de las historietas de su mítica serie Freak Brothers durante finales de los 70, donde vemos como los viejos hippies se sienten acorralados frente la actitud agresiva de los punks.

Entre 1976 y 1980 se dio en California el surgimiento de importantes bandas punks y hardcore, las cuales pronto establecieron una escena underground muy ecléctica entre el norte y el sur del estado, así como contactos con el resto del país: Germs, Black Flag, Dead Kennedys, The Circle Jerks, The Avengers y un larguísimo etc. Todos estos grupos se mostraban fuertemente antagonistas al modo de vida americano que quería imponerse desde el mainstream, cultivando desde el pesimismo nihilista hasta la más explícita propaganda anarquista. Paralelamente, la escena de hard rock proveniente de los 70 fue transformándose bajo la influencia de la Nueva ola del heavy metal que llegaba desde el Reino Unido (lo que en algunos casos también incluía a las formaciones más potentes como Motorhead y poco después Venom), aunque también era inevitable que muchas bandas cayeran en la órbita del punk y el hardcore, algo que se tradujo en un sonido más agresivo y rápido, así como en unas letras más rabiosas y desinhibidas. Se respetaba las estructuras basada en los típicos riffs y solos de guitarra de grupos como Judas Priest o Iron Maiden y otros más clásicos como Black Sabbath, Uriah Heep, UFO o Rainbow, pero llevándolo a una actitud mucho más extrema y contundente con connotaciones cercanas al hardcore punk, aunque sin la explicitud política de éste. Otra herencia del hardcore punk fue la capacidad de autogestión, con un pulular de fanzines, maquetas y la organización de pequeños conciertos al margen de los circuitos comerciales, todo lo cual dio vida a un fértil underground. Esta escena contrastaba mucho con el heavy metal que estaba dándose en Los Ángeles, mucho más tendente al glam y por lo general con una proyección mucho más comercial

Así pues, para muy comienzos de los 80 empezaron a consagrarse dentro del underground bandas seminales como Exodus y Metallica, auténticos pilares de lo que poco después vino a denominarse como Thrash Metal. Con algunas formaciones residentes y otras llegadas desde otros puntos del estado o del país, pronto se estableció una importante escena metalera en la zona de la Bahía de San Francisco cuyo máximo esplendor abarcó hasta muy comienzos de los 90, con grupos como Slayer, Possessed, Forbidden, Laaz Rockit, Vio-Lence, Sadus, Defiance, Testament y muchas más.

 

DEBERES DEL COLEGIO Y CONCIERTOS CON SLAYER

 

Este es el contexto en el que los Death Angel se formaron en 1982, siendo ellos mismos parte crucial de la consagración de la escena de thrash del Área de la Bahía. Todo comenzó en la ciudad de Concord, a 50 kilómetros de San Francisco. Vecinos del mismo barrio, todos eran primos dentro de una familia de emigrantes filipinos: Rob Cavestany (Guitarra solista y bajo – 14 años), Dennis Pepa (voz, después también al bajo – 15 años), Gus Pepa (Guitarra rítmica – 15 años ) y el más joven de todos, Andy Galeon  (Batería – 10 años). Fanáticos del NWOBHM, sus primeras influencias eran grupos como Iron Maiden, Angel Witch, Accept, aunque también algunas bandas americanas habían tenido un fuerte impacto sobre ellos. En 1979, varios de ellos habían acompañado a sus padres a un concierto de Kiss en el Cow Palace de San Francisco, momento en el que decidieron ser músicos de rock. En sus inicios barajaron varios nombres y por un tiempo breve se presentaron como Dark Fury o Dark Theory, pero tras verlo en el título de un libro deciden cambiarlo por el definitivo de Death Angel.

Después de varios meses de ensayos el grupo decide grabar su primera demo a finales de 1983, la cual titulan como Heavy Metal Insanity. Esta casete estaba formada por cuatro temas en los que pueden verse todas esas influencias citadas más arriba. Aunque su sonido fuera muy rudimentario, Rob Cavestany y Andy Galeon sobresalen ya por su destreza. De los temas diría que destaca “No Time For Love”, puramente amateur, pero con muy buenas intenciones, con apañados cambios de ritmo y la justa combinación de sonidos eléctricos y acústicos. Esta demo estaba grabada con Matt Wallace, que años después sería muy conocido por sus producciones para Faith No More.

 

Gracias a esta primera demo empiezan a ser conocidos por la zona. Llegan los primeros conciertos, por ejemplo abriendo para WASP. Hay que tener en cuenta que hablamos de chavales de 15 y 16 años, y en el caso de Andy Galeon con solo 11 años, metidos de lleno en el centro de una escena a punto de explotar. Comienzan a hacer muchos contactos en el mundillo, justo en el momento en que la fiebre thrashmetalera está despertando en mucha gente. La segunda fase en su formación se dio en ese momento, pues si su infancia estuvo marcada por Kiss, después quedaron impactados por un concierto de Metallica, tanto que deciden tomar algunos de sus temas para ensayar. Con ese modelo endurecen aun más su sonido y entran en la órbita de grupos como Exodus o Legacy (que después se llamarían Testament). Mientras tanto, habían ocurrido algunos cambios en la formación. Dennis Pepa decide centrarse en el bajo y para cubrir el puesto de vocalista eligen a Mark Osegueda, también familia cercana y que hasta el momento había echado una mano como roadie. Esta inclusión resulta ser clave para el porvenir de Death Angel, pues Osegueda rápidamente demuestra sus dotes en las voces, además de tener un carisma innegable sobre las tablas.

 

En la primavera de 1984, ya con Osegueda a la voz, dan varios conciertos con Megadeth, lo cual les permite un acceso rápido a la escena thrash, a la que se consagran apasionadamente. En este momento clave encuentran un gran apoyo en su familia. El padre de Rob Cavestany les ayuda económicamente e incluso les hace de chofer, lo cual es lógico teniendo en cuenta que aun eran casi unos niños. Por lo visto no era raro encontrar a media familia en sus conciertos. A lo largo de los muchos meses siguientes se suceden bolos junto a grupos como Slayer, Laaz Rockit, Possessed, Hirax, etc, siempre en el entorno de San Francisco. Incluso abren para los daneses Mercyful Fate, grupo del que eran muy fans. Pero el momento de máxima emoción llega en marzo de 1985 con Metallica, para quienes actúan como teloneros en dos fechas seguidas. La primera noche solo pueden tocar tres temas, ya que Rob se queda tirado con el coche y llega demasiado tarde. Pero al siguiente día sí pueden ofrecer todo su set al completo. Ellos ya habían conocido en 1983 a Kirk Hammett en una firma de discos.

 

 

El guitarrista, tras verlos tocar en directo, percibe la gran calidad de la banda, no se lo piensa dos veces y acepta producirles su segunda demo: Kill As One. Metallica ya era un verdadero fenómeno que había trascendido el underground gracias a sus dos primeros discos, por lo tanto la participación de Hammett resultó muy importante para la promoción de Death Angel. Esta segunda demo en casete consta de tres temas y su calidad es bastante decente, reflejando una enorme evolución desde su anterior grabación. La primera canción de la demo, “Thrasher” (cantada por Dennis Pepa y Cavestany), manifiesta una clara influencia del primer disco de Metallica, con ese carácter que podríamos calificar como primario o garagero (también muy deudor de Motorhead o Venom). Igualmente se nota muchas similitudes con el sonido de los primerizos Exodus, aun en la etapa de Paul Baloff a la voz. Por lo tanto, hablamos de un tipo de thrash menos preocupado por demostrar una refinada técnica que por transmitir un gran derroche de rabia y energía, muy acorde a la actitud hardcore punk, aunque sin el talante manifiestamente político de éste. Y lo cierto es que lo consiguen, los tres temas son frenéticos y potentísimos, tremendamente macarras, llenos de cambios de ritmo, con riffs mastodónticos y solos punzantes. Aun tienen mucho de amateur, pero después regrabarían los tres temas para su primer disco, mejorándolos mucho.

 

El circuito para las maquetas funcionaba muy bien por esa época sin internet y pronto Kill As one se hace un lugar entre los Bay Area Bangers (tal y como se les llamaba a los fanáticos del thrash de la zona). A partir de ahí la ascensión de la banda es meteórica, por lo que es irónico pensar que entre concierto y concierto sus músicos debían apechugar también con sus obligaciones escolares (por ejemplo, Mark Osegueda era en ese momento presidente del consejo estudiantil en su instituto).

 

ULTRAVIOLENCIA

 

La demo logra captar la atención de Enigma Records, un sello independiente californiano con un fondo bastante ecléctico: Fuzztones, TSOL, Dream Syndicate, Devo, Poison, Stryper, D.R.I., etc. Firman un contrato con la banda y para junio de 1986 entran a grabar en los Banquet Sound Studio, en la ciudad de Santa Rosa. En tres días tienen listo el disco, que sería producido por Davy Vain junto al propio grupo. Sin embargo, no saldría a la calle hasta el 23 de abril de 1987. Entremedias y como adelanto para calmar las ansias de sus seguidores saldría un tema en el recopilatorio Eastern Front, junto a bandas como Vio-Lence, D.R.I. o Heathen. Mientras tanto la banda no pararía en ningún momento de hacer conciertos y afianzarse en la escena thrash, teniendo la oportunidad de dar sus primeros conciertos fuera de California.

La salida de su primer disco, titulado The Ultra-Violence, resultó un acontecimiento en el mundillo metalero, aunque no lograría un éxito comercial especialmente reseñable (curiosamente se vendió muy bien en los Paises Bajos). Su calidad es incuestionable, conservando el frenetismo de su segunda maqueta, pero avanzando mucho en el pulimiento del sonido y las cualidades técnicas. Comienza con “Thrashers”, canción recuperada de su segunda demo, un auténtico himno para los cada vez más numerosos seguidores de la banda. Quizás por eso fue seleccionada para abrir el disco, aunque curiosamente sea la única donde no canta Mark Osegueda, ya que está grabada con Dennis Pepa en la voz. Este corte es, además, mucho más primitivo, chirriante y frenético que el resto de la selección. Sigue el disco con “Evil Priest”, con muchos cambios de ritmo entre aceleraciones fulminantes y medio tiempos machacantes. En contraste con el primer tema, automáticamente llama la atención la voz de Osegueda, caracterizada por su capacidad melódica, pero también por sus gritos cortantes y agudos. La base rítmica es muy poderosa, sonando el bajo y la batería conjuntados a la perfección. Los solos de Cavestany son muy buenos. Es un guitarrista que nunca se caracterizará por ser un virtuoso, pero sí por plasmar buenas ideas con eficacia y originalidad. Este tema sí refleja ya la personalidad de Death Angel en todo su esplendor y siempre es chocante recordar lo jóvenes que eran cuando lo grabaron. Esto se amplifica en el tercer corte: “Voracious Soul”, temazo indiscutible de thrash metal que se inicia con un medio tiempo que va progresando en aceleración y potencia. Mark Osegueda se luce muchísimo, con una voz plena de registros, algo así como una mezcla de Mike Patton (que aun no había grabado The Real Thing con Faith No More) y Joey Belladonna de Anthrax, es decir, entre lo sarcástico, lo mortalmente serio, lo teatral y lo macarra. Normalmente, los vocalistas del thrash metal han tendido a la rudeza, conformándose con supeditar más rabia en la parte instrumental y como mucho buscando tener una voz personal y reconocible. No es así en el caso de Mark Osegueda, siempre sacando el máximo provecho de sus cuerdas vocales, su voz se convirtió en un ingrediente imprescindible en el arreglo de las propias composiciones. Por su parte, las guitarras de Cavestany y Gus Pepa se combinan creando sucesivas entradas, riffs cambiantes y solos interminables, con un dominio impresionante. Se grabó un video para este tema, pero dada la temática de la letra (el canibalismo) fue considerado demasiado fuerte para emitirse por la MTV de los Estados Unidos, quedando relegado a Europa. Estos escrúpulos pueden chocarnos hoy en día y de hecho poco después no hubo tantas reticencias con muchos grupos de death o black Metal, pero el caso es que este video, aun no contando con imágenes violentas o sangrientas, fue censurado en América. Por lo demás, el video no tiene desperdicio, mostrando escenas grabadas tocando en directo y por los barrios de San Francisco, con el grupo haciendo skate o sencillamente el cafre en la playa, quedando claro que efectivamente eran unos chavales muy jóvenes.

 

 

“Kill As One” es el cuarto tema, también retomado de la segunda demo, aunque aquí suena mucho mejor. Con gran potencia y rapidez, la banda administra en nuestros oídos toda la agresividad de la que son capaces. El tema es una oportunidad para que Cavestany nos ofrezca otra vez una muestra de su talento a través de solos muy inventivos y rápidos en los que no es extraño encontrar la influencia de Kirt Hammett por el uso de pedales como el wah-wah. Después llega “Ultra-Violence”, también extraído de la demo, un largo instrumental (más de 10 minutos) con infinitos cambios de ritmo y recovecos, con muchos riffs que hubieran dado para varias canciones más, y sobretodo con muchos buenos solos de guitarra. Destacaría, como en el resto del disco, el juego perfecto entre el bajo y la batería, sorprendiendo que Andy Galeon aun fuera un niño cuando grabó este disco.

 

Tras el largo instrumental llega “Mistress of Pain”, otro de los platos fuertes de este primer disco, abriéndose con una potencia bestial. Osegueda derrama su rabia mientras las guitarras cabalgan como si quisieran invocan el Armagedón. Cuesta creer que entre tanto ruido y caos pueda extraerse algo de orden, pero lo consiguen, moldeando un temazo de esos que amenazan con romperte el cuello si intentas seguir el ritmo. Sigue “Final Death”, otra dosis enérgica y venenosa de electricidad, con cambios cortantes y muchas entradas de guitarra. Se nota mucha influencia del punk y hay menos hincapié en el metal, destacando la base rítmica, especialmente el trabajo de Dennis Pepa. Cierra el disco “I.P.F.S”, que se supone son las siglas de “Intense Puke Feeling Síndrome”, una pequeña gamberrada que puede recordar a los exabruptos de S.O.D. y otras bandas a medio camino entre el thrash y lo hardcore.

 

A finales de los 80 la popularidad del heavy metal estaba llegando a su auge a ambos lados del Atlántico, aunque afortunadamente, y salvo contadas ocasiones, nunca llegó a ser absorbido por la corriente principal del mercado musical, ni siquiera en Estados Unidos. El heavy seguía siendo una especie de universo privado dentro de la cultura popular, demasiado ruidoso y díscolo para resultar políticamente correcto, con sus propios mitos y leyes no escritas, siempre antagonistas a los gustos de la gente “normal”. En ese contexto, la subcategoría del thrash metal era aun menos aceptable para el mainstream, pero sus seguidores seguían creciendo. En Europa había algunas bandas con una popularidad significativa, como Celtic Frost, Kreator o Sodom, pero Estados Unidos dominaba la escena internacional, muy especialmente por los grupos provenientes de la escena de la Bay Area. Los Death Angel lograron meter la cabeza en esa creciente notoriedad y eran muy conocidos en Europa. Así que, aunque The Ultra-Violence no vendió lo suficiente para ser un superéxito, sí afianzó la permanencia de Death Angel en Enigma Records, tanto como para apostar por ellos y en septiembre de 1987 hacerles cruzar el charco por primera vez, para tocar en Inglaterra, Alemania y Dinamarca.

 

 

Entre 1985 y 1988 se produjo una evolución dentro del thrash. Muchos grupos, empujados por los logros de Metallica, Megadeth o Anthrax, bandas de enorme influencia que estaban demostrando que la velocidad y la agresividad no estaban reñidas con la sofisticación, comienzan a complicar sus composiciones, con arreglos mucho más cuidadosos y perfeccionistas. El resultado es un tipo de metal con espíritu más progresivo y abierto a la innovación. El ejemplo más famoso y hasta cierto punto culminación de esa época sería el And Justice for all de Metallica, auténtico tour de forcé de complejidad y tecnicismo que pese a todo no deja de sonar a thrash. En el caso de Death Angel, su primer disco era abiertamente macarra (en lo que tiene mucho que ver los gritos de Mark Osegueda) y salvaje, pero demarcaba una primera etapa desde la que rápidamente evolucionarían. The Ultra-Violence tardó mucho en salir, tanto que cuando eso ocurrió el grupo ya llevaba meses trabajando en un nuevo sonido más acorde con los nuevos tiempos. De este esfuerzo surgieron temas de un talante muy diferente a los anteriores, en los que pueden rastrearse elementos provenientes de los tres grupos citados más arriba: la sofisticación y refinamiento de Metallica, la agresividad sutil y dosificada de Megadeth o la iconoclastia de Anthrax (y en lo que respecta a Mark Osegueda el ejemplo melódico de Belladona). Aparte, opino, pueden verse otras influencias variadas cercanas o no al metal: la mezcla de lirismo y pandillerismo de Suicidal Tendencies, la herencia del rock de los 70 o el empuje, quizás no consciente, de los inicios del rock alternativo.

 

Con esta actitud inquieta y dispuesta a todo, en la primavera de 1988 entran en los Fantasy Studios de Berkeley para grabar su segundo disco. En los controles repetiría Davy Vain, aunque Rob Cavestany y Andy Galeon también figurarían en los créditos como productores. Vain aporta bastante más en la dirección artística, proponiendo a la banda que el disco sea hasta cierto punto conceptual, tratando en cada letra diferentes etapas de la vida. En la práctica no se nota demasiado este planteamiento conceptual, pero sí que las letras se alejan mucho de las típicas temáticas de otros grupos del género.

 

Este segundo disco, que titularon Frolic through the Park, era muy esperado en el mundillo metalero. El anterior había sorprendido por su calidad pese a la juventud de la banda, las expectativas eran muy altas. Estamos hablando de un periodo en que estaban saliendo a la calle algunos de los mejores discos de la historia del thrash metal, el listón estaba muy alto y el público no se conformaba con cualquier cosa. Y, efectivamente, Death Angel cumple con las expectativas y demuestra un gran salto cualitativo con este segundo disco. La producción es superior en todos los sentidos, reflejando la complejidad alcanzada por las nuevas composiciones, pero sin perder por ello agresividad y contundencia. Quizás por ello el disco suena menos monocorde, cada tema tiene una personalidad propia. No obstante, con este LP la banda comenzó a recibir críticas desde los ámbitos más puristas del thrash. Lo cual comenzó a ser bastante ordinario. Incluso grupos como Slayer, auténticas bestias pardas de la aceleración y la rabia metalera, recibieron algún varapalo a la salida de su disco South of the Heaven, debido a que aflojaron la presión del acelerador y prefirieron explorar más las posibilidades de los medios tiempos. Irónicamente, con las perspectiva que da el tiempo, ese disco es ahora considerado por casi todos como una obra maestra… En el caso de Death Angel, las críticas llegaron por introducir elementos provenientes del funk,  el hard rock o incluso del pop, algo que aun no estaba muy en boga. En todo caso, estos elementos están plenamente incrustados en estructuras musicales típicamente thrash, logrando innovar sobre fórmulas que de tanto repetirse ya comenzaban a convertirse en demasiado triviales. El resultado era originalidad y dinamismo en unas canciones que, de todas maneras, seguían siendo terriblemente potentes y rápidas. Es evidente que sus canciones no suenan como las de Kreator en su magnífico disco (también de 1988) Extreme Aggression, mucho más típicamente thrash, pero opino que ambas opciones son perfectamente disfrutables, cada cual a su manera, y que ambas deberían ser consideradas dentro del género sin problemas.

El disco se abre de forma explosiva con “3rd Floor”. Inmediatamente notamos diferencias con el sonido del primer disco. La base rítmica suena más nítida e independiente, con un Dennis Pepa permitiéndose filigranas al bajo. Andy Galeon es absolutamente contundente, pero también suena muy suelto, es perceptible que ha subido aun más de nivel. Su aportación a la calidad de los temas es innegable. Los cambios de ritmo son constantes y los riffs absolutamente asesinos. Las guitarras suenan con mucho cuerpo, con Cavestany arrasando en los solos, pero sobre los demás destaca un Mark Osegueda cantando con muchísima seguridad, apropiándose del tema sin problemas. Cuando grabaron este disco ya llevaban un año tocando este tema en directo, lo cual se nota por la perfección que consiguieron en el estudio. Tras este gran comienzo llega “Road Mutants”, otro temazo increíble. Dennis Pepa vuelve a sobresalir, pero también quisiera destacar como suenan las guitarras, crujientes y electrizadas al máximo. En este tema ya notamos plenamente que Death Angel está tomando por un camino nuevo dentro del thrash, especialmente por ese aire “groove” que hasta cierto nos hace rememorar el rock de los 70. En esto tiene mucho que ver la capacidad vocal de Osegueda, expandiendo con pura chulería la excelencia de la instrumentación. El siguiente tema, “Why you do This”, ahonda en esta capacidad de aportar originalidad sin abandonar la potencia. La batería es especialmente alucinante en este corte, consiguiendo mantener el nivel a través de los muchos cambios de ritmo con total naturalidad y destreza, con una cualidad que casi me atrevería a calificar de jazzística.  El siguiente corte, “Bored”, es quizás el momento clave del disco, ya que aquí Death Angel fuerza decididamente los límites del género, permitiéndose alternar la potencia thrash con otros momentos más mesurados. Años después, Mark Osegueda afirmaría, como el que admite un pecadillo de juventud, que esta canción fue escrita después de ver todos juntos a U2 en directo, banda que les sorprendió mucho. El tema comenzó como una broma, pero pronto comprendieron que era un buen material para desarrollar, hasta terminar convirtiéndose en algo crucial en el disco, tanto que acabó siendo objeto de un video de MTV (esta vez sí fue emitido en Estados Unidos). Algo después se coló como parte de la banda sonora de La Matanza de Texas III junto a otros grupos ilustres como Sacred Reich o Laaz Rockit.

 

 

Con este tema, Death Angel se mete de cabeza en los albores del llamado rock alternativo, de la misma manera que otros grupos relacionados con el metal también lo hicieron, aunque seguramente no había en ese momento verdadera consciencia de ello. Aun faltaba tiempo para la explosión del grunge, grupos como RHCP, Jane’s Addiction o Faith no More no tenían una clasificación clara dentro de la industria musical, a medio camino del heavy metal, el punk, el pop… aunque iban a ser una influencia enorme para muchas bandas que vendrían después. A esto se sumaban grupos provenientes del metal que también estaban configurando el rock de finales de los 80 y comienzos de los 90, cada cual a su manera. Metallica resulto ser enormemente influyente con su Álbum Negro. Suicidal Tendencies, por su forma de combinar melodías pop con el thrash y el harcore. Voivod, por sus experimentaciones cercanas a la psicodelia y el progresivo… Y muchísimas otras bandas que intentaron innovar y salir de las fórmulas metaleras más trilladas. Quizás era algo que estaba en el ambiente de la época, aunque también causó reacciones negativas en parte del público. En todo caso, lo cierto es que la industria supo aprovechar el tirón, exprimiendo y forzando una actitud que por falta de prejuicios a la hora de innovar terminó por desvirtuarse demasiado en provecho de lo comercial. Quizás también tuvo mucho que ver, como ya ocurriera a mediados de los 70 con el hard rock y el progresivo, un excesivo protagonismo de los productores y otros agentes más relacionados con los intereses de la industria que con la creatividad de los propios músicos. ¿Qué papel cumplió en este escenario Death Angel? No lo sé, es de suponer que no llegaron nunca a ser un referente demasiado importante a un nivel masivo, pero estoy seguro que de sus discos tomaron buena nota mucha gente clave para el rock de los 90.

 

Pero sigamos con el disco. Tras “Bored” llega “Confused”, un tema pesado y de comienzo parsimonioso, casi lindante con el doom metal y que bebe de las fuentes directas de Black Sabbath. Se trata de un tema largo que va desarrollándose subiendo de intensidad poco a poco. El bajo y la batería tienen un juego increible y cuando el tema rompe y sube la velocidad llegamos a uno de los momentos más altos de todo el disco, con alternancia de tiempos, grandes entradas de guitarra y una magnífica línea de bajo de Dennis Pepa. Seguimos con “Guilty Of Innocence”, uno de los temas que más me gustan de todo el disco, un pedazo de thrash metal psicotrónico al más puro estilo Death Angel, con muchos cambios de riffs trepidantes, suficientes para hacer un nuevo disco al completo, y sobre todo con un Mark Osegueda en estado de gracia. Es un temazo lo mires por donde lo mires, incluso en los coros pandilleros dan en el clavo, algo que los Death Angel hacían muy bien, opino que muy al estilo de los Suicidal Tendencies. “Open Up” es otro tema bastante arriesgado donde combinaron el espíritu funk y hardrockero con momentos de thrash asesino. Hay un cierto aire sarcástico en el tema, casi paródico que recuerda un poco a Anthrax, pero termina por funcionar bien en su conjunto y a la larga se ha convertido en uno de los cortes más representativos del riesgo artístico asumido por la banda en esa época. Sea como sea, por la calidad ofrecida en él, destacando los solos de guitarras de Cavestany y Gus Pepa, solo puedo decir que se trata de una verdadera maravilla. Con “Shores of sin” el disco cambia radicalmente de talante hacia uno mucho más tradicional, pero igualmente grandioso. Magnífica la entrada de la base rítmica, a la que se suman unas guitarras realmente épicas y misteriosas. Pronto el tema coge velocidad, aunque nunca llegando a la brutalidad, con una sutilidad increíble gracias a que Andy Galeon vuelve a demostrar su nivel con la batería. Mark Osegueda canta realmente bien y Cavestany emociona con sus solos de guitarra. Sigue el disco con “Gold Gin”, correcta versión del clásico de Kiss, bastante fiel a la original, con la que Death Angel hace un homenaje a la banda que les hizo querer ser músicos. Cierra el LP “Mind Rape”, pildorazo thrash que parece querer callar las bocas de quienes podrían acusarles de vendidos por temas como “Bored” o “Open Up”. Y pese a todo, el virus ya estaba en sus mentes y este tema no deja de ser bastante experimental respecto a la ortodoxia thrasher, teniendo la voz de Osegueda mucha culpa, pues su forma de cantar es realmente original, aportando a la canción una dimensión lírica que pocos grupos estaban consiguiendo en ese momento. Pienso por ejemplo en Forbbiden, otro grupo de San Francisco que poco después sacaría su primer disco, una joyita thrash donde hay mucha calidad de ejecución y muchos riffs asesinos, pero que carece de todo riesgo. Si comparamos “Mind Rape” con cualquier tema de ese disco de Forbbiden quizás entendamos hasta que punto Death Angel estaban en otro nivel de sofisticación y calidad.

 


 

En la versión en CD se incluyó el tema “Devil’s Metal”, un muy buen corte, aunque en comparación sea bastante más primitivo que el resto de la selección, tanto que podría haber estado incluido en The Ultra-Violence sin rechinar. Curiosamente, este tema fue metido en mitad del CD y no al final que es donde se suelen colocar los bonus.

 

Para celebrar la salida el nuevo disco, los Death Angel llegan a Europa en julio del 88. La intención era promocionarlo a lo grande, sin embargo, hubo problemas legales con la distribución y muchos fans europeos tuvimos que esperar un poco para conseguir el LP. Aun así, estaban circulando muchas grabaciones piratas y los conciertos resultan un verdadero éxito. En todo caso, a la banda le precedía una enorme reputación como grupo crucial del movimiento thrash de San Francisco, escena que estaba causando furor. Para esta pequeña gira por Europa comparten escenario con grupos como Carcass y Acid Reign. El siete de octubre tocan en la sala Paradiso de Amsterdam. Este concierto fue grabado sin conocimiento del grupo y fue editado por Enigma Records (sin su consentimiento, cuando ya no estaban en ese sello). La calidad de la grabación es nula, poco más que un pirata de los chungos. Hasta diciembre de ese año (1988) no volverían a Europa. En esa ocasión para abrir durante dos noches seguidas para Motorhead en el The Hammersmith Odeon de Londres.

 

En comparación con años anteriores, 1989 no fue de mucha actividad para Death Angel. Si examinamos el número de conciertos que dieron comprobaremos que es mucho menor, destacando uno en mayo en la sala The Centenial Hall (en Hayward, California) junto a Vio-Lence y los holandeses Pestilence, uno de los mejores grupos de la época y grandes influyentes en el surgimiento del death metal. Quizás esta bajada de actividad se debiera al cambio de discográfica, ya que de Enigma Records pasan a Geffen, una multinacional en toda regla y con una enormidad de referencias en su haber. Este sello estuvo muy vinculado al gran éxito comercial del rock por esa época, con grupos como Aerosmith, Guns N’Roses o Black Crowes. Esta discográfica también estuvo implicada en la explosión de lo alternativo poco después, con grupos como Nirvana o Sonic Youth. Con Geffen, Death Angel encuentran a su disposición una gigantesca capacidad de promoción y unos medios técnicos que no podían soñar con Enigma, aunque también una presión y unas responsabilidades comerciales mucho mayores, algo que la banda, ya sea por su juventud o por otras razones, no supo manejar del todo bien. Tiempo después declararían que no firmaron un buen contrato y eso llevó a muchos tipos de problemas para ellos. Pese a todo, al contrario de lo que suele ocurrir con muchos grupos que pasan a la primera división, no surgieron conflictos en el seno de la formación. Rob Cavestany seguía siendo el principal compositor y el líder del grupo en la sombra, pese a que en el escenario Mark Osegueda se llevaba gran parte de la gloria. Sobre ese equilibrio se mantenía las buenas relaciones entre ellos, algo en lo que seguramente tenía que ver el hecho de ser de la misma familia.

 

En septiembre y octubre graban su tercer disco en los estudios Dodge City Sound de Los Ángeles, contando en la producción con Max Norman, veterano del heavy metal que había trabajado a  principio de la década con gente como Ozzy Osbourne o Lizzy Borden. Realmente, su trabajo en este tercer disco es muy bueno, aunque para mi gusto quizás plasmara un sonido demasiado limpio, eliminando un poco la crujiente electricidad de los discos anteriores de Death Angel. Para este tercer trabajo el grupo estaba barajando entre más de 30 nuevas canciones, lo cual es un número bastante amplio. Quizás este derroche creativo fuera otra de las razones para que en el año 1989 reducieran tanto la actividad.

El nuevo disco sale a la calle en abril de 1990 con el título de Act III. En mi opinión es un disco tremendo, con algunas de sus mejores canciones, pero también puede decirse que resultó algo decepcionante, en el sentido de que no explotaba del todo el potencial que puede intuirse en Frolic through the Park. Hasta cierto punto hay que dar la razón a los que acusaron al grupo de volverse comerciales, sobretodo si tenemos en cuenta que para promocionar el disco en MTV se eligió (con el pleno consentimiento de la banda) una de las dos baladas que se incluyen en el LP. Y no es que por ser una balada sea una mala canción, para nada, pero sí dice mucho de cómo Death Angel estaban encaminando su bagaje musical de cara a los medios de comunicación. Por otro lado, afortunadamente, otras canciones del disco sí ahondan en la renovación del sonido thrash comenzada en su anterior disco. Entiéndase que no me refiero a nada demasiado vanguardista, otros grupos como Voivod o Atheist eran más radicales por aquella época. Más bien hablo de indagar musicalmente jugando con las propias características del género, demostrando que era posible salirse de las fórmulas trilladas sin abandonar del todo la canción rock tradicional, que al fin y al cabo era la base sobre la que se seguía sustentando el thrash por muy bestial que fuera. En todo caso, nunca sabremos donde hubieran llegando los Death Angel (ya que no iban a durar mucho después de la edición de su tercer disco), pero en lo que respecta a otros grupos pronto se comprobó que este tipo de experimentos tenían sus límites en el contexto de la época. Parecía que las alternativas eran estancarse o romper todos los límites de una vez por todas. El resultado fue, por un lado la decadencia de los grupos más veteranos y el surgimiento de otros que por muy buenos que fueran repetían lo ya conocido (por ejemplo Demolition Hammer), o el intento de innovación de bandas que en la práctica desvirtuaron el género llevándolo a un terreno muy cómodo para la industria discográfica: Machine Head, Pantera, White Zombie, etc. Por el otro lado estaba el florecimiento del death o el black metal, que supuso una fase de verdadera evolución de la música heavy y una ruptura absoluta con la vertiente comercial en que estaba cayendo parte del metal. La drástica bajada de interés por el thrash metal (y el heavy metal tradicional en general) de la vieja escuela, también coincidió con el auge del llamado grunge a comienzos de los 90, el resultado fue que el thrash tal y como se entendía en los 80 no tuvo una verdadera continuidad y desarrollo. Hubo que esperar un buen tiempo hasta que surgieran bandas (por ejemplo, pienso en High On Fire) que tomaran su legado para intentar evolucionar desde ahí de forma coherente.

 

Pero no nos salgamos de nuestro relato, estamos en 1990, el thrash aun es un acontecimiento para muchos fans y acaba de salir el nuevo disco de Death Angel. El LP se abre con “Seemingly Endless Time”, una verdadera virguería que se abre de forma frenética, pero que después se instala en un riffs bastante setentero. Se nota que Cavestany ha crecido como compositor y como guitarrista, abriéndose a más influencias con que enriquecer sus canciones. Osegueda no se queda atrás, consiguiendo con su voz darle a la canción un tono muy misterioso. Seguimos con “Stop”, otro tema de enorme calidad que sabe transmitir potencia y dinamismo con multitud de cambios de ritmo. Mark Osegueda se pasea por él con todo el control de sus muchos registros vocales, siendo melódico, disonante o sencillamente recitando la letra, siendo apoyado con muy buenos coros del resto del grupo. La parte central es de antología, con un nivel que pocos grupos de thrash metal han vuelto a conseguir. El tercer corte, “Veil of Deception”, es radicalmente diferente, pues es un tema acústico de gran intensidad lírica. Con esta composición Cavestany quería hacer un tributo a muchos de sus grupos clásicos preferidos, y creo que lo consigue a la perfección. Con “The Organization” vuelve la potencia, aunque como en el resto del disco esté dosificada entre momentos frenéticos y otros más tranquilos. Los tiempos de The Ultra-Violence quedaron atrás y la velocidad a machamartillo también. “Discontinued” es de esos cortes made in Death Angel que indudablemente se meten en terrenos alternativos y cuya influencia podrá rastrearse sin problemas en grupos posteriores como MindFunk o I Mother Earth. Llamémosle funk metal o como sea, pero está claro que aquí ya no podemos hablar de simple y llano thrash. Este tema en 1990 era una verdadera mezcla explosiva, absolutamente innovadora, aunque hay que admitir que después se abusó demasiado de este tipo de cócteles, y de lo fresco y novedoso se pasó a lo cansino. Le sigue “A room with View”, una balada sencillamente preciosa que, evidentemente, puso los pelos de punto a los más recalcitrantes fans del género, considerando que Death Angel se habían convertido en unas nenazas. En todo caso, se trata de un tema muy bueno y perfectamente ejecutado, ¿qué más se puede pedir? Con la perspectiva que da el tiempo, cualquier prejuicio se ha difuminado y ya no sabemos muy bien que era aquello que tantos querían salvaguardar a toda costa, como si la música, al igual que la propia cultura, no evolucionara siempre hacía otro sitio. Pero lo cierto es que en ese momento aun era un tabú que un grupo del thrash se mostrara demasiado lírico y melódico. Tras este tema tan suave subimos otra vez de intensidad con “Stagnant”, uno de los mejores cortes del disco. Andy Galeon abre con una cadencia impresionante y después entran las maravillosas guitarras de Gus Pepa y Rob Cavestany. Este tema tiene un aire indudablemente setentero, diría que a lo Jimi Hendrix, quizás por eso Cavestany suena casi psicodélico en sus solos de guitarra. El resultado es una composición sencillamente excepcional que, una vez más, se mueve en el terreno de lo alternativo, aunque sin nunca llegar a abandonar el espíritu del thrash. De hecho, los tres últimos temas del disco son como una muestra de que Death Angel sigue siendo un grupo thrash, para que nadie lo dude. “EX - TC” es, en ese sentido, un puñetazo en la cara de energía y riffs cabalgantes, un tema que podría haber ido sin problemas en su segundo LP. “Disturbing the Peace” sube aun más la carga de electricidad y potencia, con un espíritu muy punkarra. Cavestany se sale con sus grandes solos de guitarra. Termina el disco con “Falling Asleep”, otro pildorazo de pura energía thrash que pese a su esencia primigenia se beneficia de la sabiduría adquirida a lo largo de los años. Los coros que podemos oír en este tema hubieran sido impensables en sus comienzos.  Supone un cierre magnífico para un disco inclasificable en su época y que resultó, en muchos casos, un verdadero reto para muchas sensibilidades demasiadas aferradas a las etiquetas y los prejuicios.

 

 

Entre mayo y junio de 1990, el grupo se embarca en una exitosa gira por Europa junto a sus paisanos de San Francisco: Forbidden y Vicious Rumors. La lista de conciertos fue muy amplia y abarcó países como Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra, Italia o Suecia. Incluso tocaron el uno de junio en España en la sala Zeleste.

 

La banda estaba creciendo mucho en popularidad, aunque los fans se dividían en cuanto al camino musical que estaban tomando. Por otro lado, las ventas del disco no fueron lo suficientemente grandes como para satisfacer los intereses de Geffen y su apoyo al grupo comenzó a decaer un poco. Sin embargo, los verdaderos problemas no llegaron por ese lado, sino en forma de auténtica tragedia. A finales de diciembre, el grupo se encaminaba en furgoneta a La Vegas para dar un concierto, pero sufrieron un grave accidente en mitad del desierto de Arizona. Andy Galeon quedó gravemente herido (necesitó un año para recobrarse) y Mark Osegueda sufrió daños en algunos dedos de uno de sus pies. Rápidamente se organiza un concierto benéfico para sufragar los gastos médicos de Andy Galeon, ya sabemos cómo funciona la sanidad en Estados Unidos y los músicos no suelen contar con un seguro médico en condiciones. Colaboran Chris Poland y músicos de Metallica, Exodus, Forbbiden y Tesla. Rob y Mark hacen algunas canciones acústicas.

 

Este accidente solo iba a incrementar sus diferencias con Geffen, sin embargo en abril de 1991 el grupo decide cumplir sus compromisos y se embarca para una pequeña gira por Japón. El puesto de Andy Galeon lo ocupó Chris Kontos, de la banda Attitude Adjustment y que después sería conocido por su paso por Machine Head. Pero esta gira solo significó el canto del cisne para Death Angel, pues tras su viaje a Japón deciden disolverse de una vez por todas. Nunca sabremos a donde habrían llegado de no haber ocurrido ese accidente. Habían sido invitados a participar en la gira Clash of Titans, que consolidó para siempre la tradición de Los Cuatro Grandes del Thrash: Metallica, Megadeth, Anthrax y Slayer. Para esta gira hubo algunos invitados, los cuales se llevaron su buena parte de promoción. A causa del accidente, el lugar que hubiera ocupado Death Angel fue designado para los emergentes Alice in Chains, y ya sabemos que esta banda arrasó durante el primer lustro de los años 90. Esto no quiere decir que Death Angel hubieran tenido el mismo destino que Alice in Chains de haber participado en esa gira, pero seguramente su carrera hubiera dado mucho de sí en los 90.

Death Angel como tal ya no funcionaba, aunque Rob Cavestany siguió componiendo a la espera de que Andy Galeon se recuperara, solo juntándose para dar algunos conciertos en acústico. Tuvieron que esperar hasta 1992 para volver a la actividad, pero sin Mark Osegueda que decidió dejar la música por unos buenos años para centrarse de nuevo en sus estudios. A falta de Mark (Rob tomó el papel de vocalista) y también por las diferencias de estilo del nuevo material, prefirieron presentarse con un nuevo nombre: The Organization, tomado claramente de un tema del último disco de Death Angel. Con esta nueva denominación, y ya fuera de Geffen, tuvieron que comenzar de nuevo desde abajo, aunque contando, evidentemente, con muchísimos contactos en el mundillo discográfico. El primer paso fue editar una demo con seis temas y tras una serie de movimientos logran editar un disco con distribución a ambos lados del Atlántico. Este disco, de título homónimo, no tendría musicalmente nada que ver con Death Angel, sino que se trataría de una muestra de hard rock de gran calidad, en ocasiones muy potente, pero sin nunca llegar a la intensidad ni la agresividad del thrash. Es un buen disco, lleno de algunas canciones excelentes y que cualquier fan del hard rock podría disfrutar, pero que sin duda podría decepcionar a los más forofos de los sonidos metaleros. Aun así, merece la mucha la pena darle una oportunidad.  En 1995 vuelven a sacar otro disco con el título Savor the flavor, mucho más irregular y sin tanto interés para el que esto escribe. En 1999 Rob, Mark y Andy Galeon, junto al bajista Michael Isaiah, forman el grupo Swarm y llegan a sacar un LP y dos EP’s de orientación que podríamos definir como una mezcla entre metal y grunge, el cual tampoco es mucho de mi interés.

 

A comienzos del nuevo siglo Death Angel vuelven a reunirse, al calor de un creciente interés por las bandas de metal de los 80 y comienzos de los 90. En esta reunión solo falta solo Gus Pepa y unos años después abandona Andy Galeon. A día de hoy siguen en activo con dos nuevos músicos ocupando su lugar. Sus nuevos discos, como dijimos al inicio de este artículo, son muy apreciables, perpetrados por gente que sabe lo que hace… pero por ejemplo Mark Osegueda ya no es el mismo, su voz se ha normalizado mucho. También el afán de innovar se ha evaporado, contentándose con hacer un thrash metal más lineal con sabor claramente contemporáneo. En todo caso, ahí quedan sus tres primeros discos para los buscadores de tesoros.  Lejos ya de disputas de pureza y autenticidad, estos tres discos brillan como lo que son: joyas musicales que esperan ser descubiertas sin prejuicios ni límites mentales.

 

Artículo de Antonio Ramírez


Fuentes usadas:

 

http://metallipromo.com/

http://www.voicesfromthedarkside.de

http://newnoisemagazine.com/

http://rockbox.psychocydd.co.uk

http://www.thrashocore.com