Electric Prunes y el nacimiento de la psicodelia


 

En 1938 el químico suizo Albert Hofmann inicia sus investigaciones sobre el ácido lisérgico, nombre que da al núcleo común de todos los alcaloides del cornezuelo (un hongo parásito del centeno).

 

Cinco años más tarde, un hecho fortuito cambia el curso de los acontecimientos . Hofmann descubre los efectos del LSD-25 (abreviado del alemán Lyserg Säure Diethylamid). Por cierto, lo de 25 es porque de una serie de veintiséis derivados o compuestos sintetizados, es el que hace el número veinticinco, como veis el tipo no era precisamente un prodigio imaginativo. En todo caso, lo importante es que esto da paso al nacimiento de la psicodelia, pero me gustaría saber como descubre este buen hombre los efectos de esta sustancia, desgraciadamente eso es algo que no ha pasado a los anales, lo que no impide que las mentes más calenturientas (entre las que me incluyo), nos hagamos una idea.

 

El término "psicodélico", deriva del griego (psiké y deloun), lo acuña el psicólogo británico Humphry Osmond y significa "manifestando el alma". Poca broma con el significado, de algún modo se está adelantando la importancia que tendrá el movimiento psicodélico para la música, en realidad para la cultura en general.

 

De entrada el LSD se emplea con fines médicos, en psiquiatría, psicoanálisis e investigaciones sobre el cerebro.

 

Imaginaos que incluso a finales de los años cincuenta, los laboratorios Sandoz regalan dietilamida de ácido lisérgico sin limitación alguna a todos los psiquiatras que la solicitan (el sueño húmedo de Syd Barret o de Hendrix).

 

Por esos mismos años, Hofmann recibe la propuesta de la CIA de fabricar masivamente LSD con fines bélicos (que manía tienen los yankis de verle a todo su lado homicida), invitación que este, afortunadamente, rechaza categóricamente.

 

Tras los primeros pinitos de Hofmann con el tema, varios intelectuales, representantes de muy diversas tendencias e ideologías, se acercan a la autoexperimentación con LSD y otras drogas psicodélicas, alucinógenas, visionarias o enteógenas (“Dios dentro de nosotros”), tal como prefiere denominarlas el célebre químico suizo.

 

Ernst Jünger, Aldous Huxley, Robert Graves, Gregory Bateson, Arthur Koestler, Henri Michaux, Anaïs Nin, Alan Watts, Timothy Leary, Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs, entre muchos otros, fueron los primeros en atravesar el umbral de las puertas de la percepción ( the doors of perception…) y descubrir unas dimensiones de conciencia poco rutinarias. En otras palabras, colocarse se puso de moda y se convierte en lo más IN (siempre pensé que yo había nacido tarde, estos datos lo corroboran).

 

En otro orden de cosas, en El Hospital de Veteranos de Menlo Park en California, se comprometen en 1959 a la puesta en práctica de un programa experimental que comprende ensayos con LSD (imaginaos a los veteranos tarados, alucinando y con un arma entre las manos, estos yankis….). Entre las cobayas humanas que voluntariamente se someten a los experimentos se encuentra el joven novelista Ken Kesey, quien, persuadido del potencial lúdico de la sustancia, comienza a interesarse vivamente hasta conseguir más y difundir su empleo (lo que es ser camello, pero legal en aquel momento), convirtiéndose en un verdadero profeta del ácido. En poco tiempo Kesey aglutina en torno suyo un grupo de personas que anhelan experimentar los efectos del LSD. Pronto se les conocerá como los Merry Pranksters (Alegres Bromistas).

 

Coincidiendo con este incipiente movimiento psicodélico que está comenzando a gestarse en la Costa Oeste, algunos teóricos, como el filósofo Alan Watts y los profesores de psicología Timothy Leary y Richard Alpert, comienzan a hacer proselitismo entre los estudiantes universitarios del uso del psicofármaco, a través de experiencias místico-intelectuales-orientalistas, como vehículo sacramental e instrumento de liberación del individuo frente a la voracidad del sistema. “Cambia la mente y cambiarás el mundo”. Muchos jóvenes estadounidenses se lanzan a un consumo ritual de alucinógenos. Para ellos consumir LSD no es una experiencia frívola sino algo profundo y trascendente que los sitúa en una esfera superior de conocimiento. Aunque todavía no pesa ningún tipo de prohibición sobre el LSD, los días de Leary como ciudadano libre están contados. Como paso previo, en la primavera de 1963, él y Alpert son expulsados de la Universidad de Harvard.

 

Kesey y los Merry Pranksters atraviesan Estados Unidos de costa a costa en un destartalado y llamativo autobús para conectar y sintonizar con el grupo de Leary, protagonizando un viaje épico al estilo de lo que luego hará famoso Kerouac en su libro On the road.

 

El encuentro, sin embargo, resulta decepcionante. Kesey propone el consumo de ácido por puro hedonismo, para experimentar la alegría del movimiento (lo que sería ahora un tío moderno). Nada puede estar más lejos de la tesis y las aspiraciones de Leary. En esencia, Kesey y los suyos logran rescatar el LSD del estamento terapéutico y de los intelectuales. No tienen ningún tipo de pretensión intelectual.

 

La cosa se extiende y, en pocos meses, la costa californiana se convierte en un hervidero de jóvenes tomando drogas psicodélicas (LSD, mescalina, psilocibina, ketamina, marihuana) no por un afán intelectual y especulativo, sino únicamente con fines lúdicos o recreativos, el culmen del hedonismo drogata.

 

Por cierto, dato curioso, Timothy Leary, está tan por la labor de “flotar”, que aún lo sigue haciendo hoy en algún lugar del espacio exterior, ya que es una de las primeras personas cuyos restos mortales son enviados al espacio por petición propia.

 

Entre los años 1964 y 1966 (este año una ley californiana prohíbe el LSD), se desarrolla el período conocido como Summer of Love. Ciudades como San Francisco, Berkeley y Los Ángeles estallan en un inmenso alucine colectivo. La juventud toma aparentemente el control de la situación. Estamos ante la génesis de la liberación sexual, el pacifismo y por ende el antimilitarismo y la contestación política (recordemos que estamos en plena guerra de Vietnam), una cultura que gira en torno a las drogas, el arte pop, las soluciones alternativas a los problemas cotidianos, en definitiva se crea una mágica, y efímera, revolución que baila al ritmo de Grateful Dead, The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Santana y otras formaciones musicales de corte psicodélico, y que en Europa se traduce en el conocido como “Mayo francés del 68”.

 

A esta experiencia multitudinaria, llena de misticismo, orientalismo y no-violencia, también se le denomina Flower Power: iluminación interior , liberación de los instintos agresivos , amor recíproco, amor universal paz en el mundo... Esto en USA y en Europa, en esa época o incluso más tarde, en el estado español te da por invocar o seguir cualquiera de esos ideales en tu colegio o instituto, y ya no solo los poderes fácticos de la dictadura, sino que tus mismos compañeros te dan de ostias al grito de “Calla maricón” en el caso de ser varón y ya no me quiero imaginar la situación en caso de ser mujer.

 

Pero aquí estamos para hablar de música, y hablar de música psicodélica es hablar de viajes, de viajes inducidos. Los que realizan los músicos alucinados que utilizan el LSD y sustancias similares mientras componen e interpretan, y los nuestros escuchando “esa música” y alucinando con ella en muchos casos, ya sin necesidad de ayudas externas, o si, allá cada cual.

 

El nacimiento de esta corriente musical y artística se forja y culmina en la mágica década de los sesenta como digo, y una vez más británicos y estadounidenses monopolizan todo el maremagnum de bandas que despuntan a la sombra de la misma y llevan la psicodelia musical a las masas. De hecho estoy seguro de que casi todos y todas, conocéis a los máximos exponentes discográficos de la psicodelia, que si Piper at the gates of dawn de Pink Floyd o su primigenio single “Arnold Layne”, que The Beatles y su Revolver, que si 13th Floor Elevators y su début, The Byrds, Hendrix... etc,.

 

Pero no voy a hablar de ninguna de esas bandas, me voy a centrar en un aspecto concreto de la psicodelia, la psicodelia garagera, el garage psych si queréis. Y dentro de este, digamos subgénero, concretamente voy a hablar de una banda que habitualmente se queda fuera de muchas conversaciones y tertulias sobre psicodelia, los norteamericanos Electric Prunes, de Los Ángeles, en la soleada California.

 

Vamos allá, entremos en harina (perdón, en materia, soy gallego y al hablar de drogas...). Imaginad y realizad un ejercicio de tele transportación en el tiempo y en el espacio. Estamos en la década de los 60. En Estados Unidos, potencia ya suficientemente consolidada a nivel mundial, gobierna el mítico Kennedy. Estamos en plena guerra de Vietnam y el movimiento hippie y psicodélico está en pleno apogeo.

 

Sin embargo, en Tacoma (Washington) hay un quinteto de “bestias pardas” a las que todo ese rollo del Flower-power se la trae al pairo. Ellos parten de las enseñanzas de Chuck Berry y Little Richard para ir un paso más allá y hacer el rock and roll más salvaje escuchado hasta el momento, llegando a rasgar los altavoces de sus amplificadores para conseguir un sonido más agresivo, como queda registrado en su primer y mítico disco, Here are the Sonics (1965).

 

Este es el grupo más influyente de lo que se conoce como “garage rock” o “protopunk”, y unos absolutos pioneros junto con The Kingsmen, The Wailers, The Seeds y algunos otros como los peruanos Los Saicos (si, empezaron a dar brasa en 1964).

 

 

Hablar de The Sonics viene a colación porque Electric Prunes tienen un poco de ellos, de sonido garage, aunque estos lo mezclen con el sonido psicodélico del momento, y que como podemos comprobar en el caso de The Sonics, no influye a todo el universo rockero de la época. En Electric Prunes la agresividad y el salvajismo de los de Tacoma se sustituye por un sentido melódico y pop muy acusado, y por el barniz psicodélico que dan a sus temas.

 

Electric Prunes se forman en Los Ángeles en 1965 de las cenizas de una banda de garage denominada The Sanctions. Los componentes originales son el cantante y guitarrista Jim Lowe, el guitarra líder Ken Williams (el artífice de esos trémolos ácidos), el guitarrista rítmico James “Weasel” Spagnola, el bajista y teclista Mark Tulin, y el batería Preston Ritter, quien reemplaza a Michael “Quint” Weakley.

 

A mediados de este mismo año 1965, Dave Hassinger, cazatalentos de RCA Records e ingeniero de sonido en alguno de los discos clave de los Stones durante los sesenta, los descubre, se convierte en su manager y los contrata para su propio sello independiente, Reprise Records, implicándose hasta el punto de registrar a su nombre el apelativo de la banda.

 

El hecho de que Dave Hassinger los produzca y moldee a su antojo en estudio desde su segundo single, y de que sus dos mayores éxitos y buena parte de los temas de su primer disco no sean composiciones propias, hacen que a veces sean considerados como una “banda probeta”, un grupo de laboratorio.

 

Está claro que hablamos de un grupo menor, en el sentido de que entre sus cuatro discos grabados en esa época (no incluyo el grabado en el año 2002), no se encuentra ninguno que en su totalidad se pueda considerar una obra maestra, aunque con el segundo a mi modo de ver se acercan . Sin embargo, si que hay en sus dos primeros discos fundamentalmente, temas de imprescindible escucha para todo amante de la psicodelia y de la buena música que se precie. Incluso algunos que pueden considerarse auténticas gemas de la psicodelia garagera más próxima al pop.

 

 

 Además, en sus dos siguientes discos llegaron a unas cotas de experimentación nada desdeñables y pusieron su granito de arena para forjar lo que se conoce como rock progresivo.

 

En 1966 se estrenan, discográficamente hablando, con el single "Ain’t it hard", que los sitúa en el panorama musical pero no se convierte en un gran éxito. El tema, que también está incluido en su primer disco, es una composición ajena (Roger Tillison) en la que despliegan un sonido machacón que hermana lo clásico (esa armónica), con unos arreglos más garage y psicodélicos, es un buen tema, sin más.

 

Durante este mismo año 1966 editan "I had Too Much To Dream (Last Night)", compuesta por el dúo que compondrá gran parte de su primer disco, Annette Tucker y Nancie Mantz, y que llega al número 11 en el Billboard norteamericano, y al 49 en el Reino Unido, ya en 1967. La pieza se convierte en su mayor éxito y en el tema por el que son más reconocidos, siendo versioneado por diferentes grupos. Aquí en el estado español por ejemplo, por Lagartija Nick. La letra describe a un hombre con síntomas de resaca después de haber tenido un romance con su amante, alegando que tenía mucho que soñar la noche anterior. El título en realidad es un juego de palabras con beber demasiado (too much to drink), de ahí la resaca. Musicalmente es una joya que auna fuerza garagera y psicodelia, con una deliciosa melodía, incorpora una novedosa utilización del fuzz trémolo en estéreo y tiene unos arreglos muy conseguidos y psicodélicos. El éxito del tema anima a la banda a salir de gira apoyándolo y a editar un nuevo single, "Get me to the world on time", compuesta por Annette Tucker y Jill Jones y que también incluyen en su primer disco, llegando esta vez al numero 27 del Billboard y al 42 de las listas del Reino Unido. Este tema llama menos la atención que el anterior, es un tema más movido pero menos conseguido en cuanto a melodía y ambiente.

 

 

En 1967 editan su primer Lp, I had Too Much To Dream (Last Night), que incluye sus anteriores tres singles y otros nueve temas, la mayoría compuestas por el dúo Annette Tucker y Nancie Mantz, lo que quizás sea uno de los problemas del disco como conjunto. Es demasiado disperso. Si, está repleto de guitarras fuzz y distorsión, reverb y melodías alucinadas, sobre todo en los temas más conseguidos. Pero también es cierto que hay una serie de temas, digamos, más extraños y fuera de lugar que quitan empaque al disco. Estoy hablando de temas como "The king is in the courting house" que parece un tema de vodevil o "The toonerville trolley" entre otros.

 

Destaco en la parte positiva, además de sus tres singles, la composición propia Train for tomorrw que es un gran tema, lleno de fuerza, la potente "Are you lovin me more" o la surfera y acelerada "Sold to the Highest Bidder ".

 

En este mismo año 1967 editan el que para mi es su mejor disco, Underground. Un disco que ya incluye una mayoría de composiciones propias (nueve de los doce temas) y en las que el productor Dave Hassinger deja más libertad a la banda, lo que se concreta en un disco más cohesionado y personal. Lo edita de nuevo Reprise Records y tiene un éxito moderado, lastrado quizás por la falta de un single con arrastre que tire de el.

 

El Lp se abre con mi canción preferida de la banda, "The Great Banana Hoax", una deliciosa oda psicodélica, con una melodía vocal sublime, unos maravillosos arreglos y una línea de guitarra mágica. El segundo tema "Children of rain", es otra maravilla psicodélica con una muy acertada melodía, recordemos que este grupo hace psicodelia, si, pero exenta de cuelgues o desparrames hipnóticos, su ataque viene más por el lado melódico y más pop del asunto. La siguiente "Wind-up toys", es más de lo mismo, melodías

 

alucinadas e infecciosas, reverb, otro gran tema. Hasta ahora la fuerza garagera brilla por su ausencia, pero no se la echa de menos en absoluto dado el nivel de los temas. En esta cara del vinilo solo "It's Not Fair" rompe la tónica, siendo este un tema más movido y con un deje country muy conseguido.

 

La cara B se abre con fuerza garagera, con un tema del dúo Tucker-Mantz, "Dr. Do-Good", baja un poco el listón pero bien. El siguiente "Hideaway" es un gran tema, con unas buenas guitarras distorsionadas y acertada melodía. Así transcurre la cara B del disco, en general desplegando más músculo y sonido garaje, pero no llegando al nivel de calidad de los temas de la cara A. En conjunto un muy buen disco.

 

A partir de aquí, y debido a la falta de éxito, el grupo se disgrega y bajo la batuta del productor Dave Axelrod, que hace y deshace a su antojo, editan dos discos más.

El experimental Mass in F minor, un disco donde mezclan rock psicodélico con elementos religiosos y clásicos, cantado en latín y griego, y con el que consiguen incluír una canción en la banda sonora del clásico cinematográfico Easy rider. En el mismo año 1968 editan Release of an oath, en una línea similar al anterior y ya sin ningún miembro original en la banda. En 1969 editan Just old good rock and roll , un fallido intento de volver a sus orígenes rockeros que supuso el definitivo fin de la banda.

 

Treinta años más tarde los miembros originales del grupo se reunieron para una serie de conciertos y grabaron un disco con nuevas canciones, Artifact (2002).

 

Un artículo de Xurxo Esquío