Jucifer

22 abril 2016 - Sala Starving (Madrid)

 

 

Noche de viernes en la que JUCIFER, el combo de Georgia, volvía por tercera vez a nuestra tierra para volver a “masacrarnos los oídos”, como ellos mismos se definen. El dueto de doom – sludge operaba en la madrileña Sala Starving, sala de conciertos que yo personalmente no conocía y que dada la situación nada cómoda que tiene, parecía ser una sala poco propicia para este evento.

 

Sin embargo me llamó especialmente la atención que los propios JUCIFER sonaran tan bien pues para ser mi primera vez en esta sala, he de decir que el técnico de sonido aprobó el examen de ecualizar a JUCIFER con un 11 sobre 10. Los que ya hemos visto en directo a JUCIFER sabemos que es de las cosas más difíciles de conseguir, hacer que los instrumentos de esta banda emitan un sonido correcto que diferencie el uno del otro es tarea ardua, pues su estilo en directo es demoledor en cuanto a sonido, ellos mismos no lo ponen nada fácil. De hecho, ya en cartel se avisaba que la audiencia usase protección auditiva (primera vez que veo un aviso de este tipo!) y se agradece la advertencia.

 

Comenzaron sin teloneros, sin palabrerías, sin un “hola buenas noches”, esta banda va al grano desde que le dan al ON hasta que le dan al OFF de los amplificadores. Comienzan con un suave ruidismo que da la bienvenida a “Son of the waking city” de su anterior álbum. Enlazando con una conexión de acoples que sonarán en todo momento mientras se suceden las canciones. Y las jams a las que esta banda nos tiene muy habituados, hay momentos en los que se empieza una canción pero no se acaba tal cual fue grabada para el disco, pues la improvisación es su dogma.

 

Esto sucedió con temas como “Work will makeus free” e “Hiroshima”; la guitarra Hammer de Amber Valentine sonaba cruda y bestial a través de ese muro de amplificadores de bajo que usa para mayor distorsión, si cabe, te taladra llevándote a esa sensación de desgaste cerebral.

 

Unido a la poderosa manera de tocar labatería de Edgar Livengood, con un juego de percusión tan sencillo que parecía increíble conseguir esa base rítmica tan opaca. Esta pareja se meten en su aquelarre musical de tal forma que literalmente ves cómo se les olvida que hay espectadores, están totalmente poseídos por su música, de ahí que Edgar tuviese tantos problemas de inestabilidad de partes de la batería, a los que el instrumento ya debe estar acostumbrado, pues su la pegada es tal que los técnicos, e incluso un espontáneo de entre el público, subieron varias veces a colocar microfonía, platos o tombs.

 

Presentaron varios temas de su último trabajo con el que están ahora mismo girando de título District of dystropia entrelazados con clásicos de sus anteriores discos como “Contempt” o “Throned In blood” con un dominio espectacular del blast-beat y el doom más agónico, lento y opresivo sin tiempo a cambiar el chip.

 

La gente reaccionó de esa parálisis hipnótica en la que te mete la banda con su show, solo para mover la cabeza en temas que ya son un must en sus concierto como “Return of the native” o “Pavlov´s House”. Solo volvían nuestros pies a la tierra cuando Edgar levantaba su lata de refresco anunciando con un brindis que el tema/jam había finalizado.

 

De despedida apoyaron la guitarra en las pantallas para sostener ese acople que decía adiós por sí solo. Noche terroríficamente perfecta, éramos pocos pero salimos con una sonrisa de oreja a oreja de esa felicidad que te da oír un buen cóctel de doom.

 

 

Crónica de El Molómetro

 


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