Kozmic Muffin - Nautilus 

Man Records (1994)



"El espacio no es oscuro. Ella lo ilumina.

Brillaba, refulgía. Me atraía como un imán,

no lo podía creer, era algo más,

era nada menos que:

¡¡La magdalena cósmica!!

¡El hogar de la magdalena cósmica!"

 

Éste es, sin duda, uno de los mejores discos de rock psicodélico y progresivo que se hayan grabado en España. Sin embargo, pese a la saturación de información de que disponemos hoy en día gracias a internet, o quizás precisamente debido a ella, posiblemente sea todavía bastante desconocido para parte del público aficionado a estos sonidos. Su edición original, así como la reedición fueron muy cortas y las copias disponibles en Vinilo y CD subieron de precio como la espuma. Pero, dejando a un lado la especulación y demás fullerías del mundillo del coleccionismo, este disco tiene un valor musical genuino.

 

Aparte de su evidente calidad, lo más curioso y sorprendente de Nautilus es que se hiciera en mitad de los años 90 -editado por el sello gallego Man Records con una pequeña tirada de 500 lp's y CD's- y que pese a ocurrir en plena vorágine de la música indie el grupo consiguiera un regusto tan propio de los años 70 y a la vez no dejaran de sonar modernos. En mi opinión, Nautilus, junto a la discografía de los madrileños Soul Bisontes, merece ser considerado uno de los discos más originales y personales, dentro de la psicodelia o el progresivo, hechos en España desde los 70.

 

Mitad rock progresivo, mitad psicodelia (bastante guitarrera), también mucho de rock espacial, por momentos Kozmic muffin suenan igualmente a los primeros Pink Floyd, que a los Hankwind, que los Sun Dial del Other way out o como si fueran algún oscuro y perdido grupo alemán de principios de los 70. La voz de Pedro Granell incluso puede recordar a veces a Syd barret. Sin embargo en ningún momento dejan de ser ellos mismos. Por lo cual, más allá de referencias y odiosas comparaciones, el disco resulta verdaderamente original, con un sonido que puede variar repentinamente de lo más suave a lo tormentoso en cambios de ritmos muy elaborados y ejecutados con total efectividad. En general puede decirse que es un trabajo ambicioso en composición y en producción, con temas largos y tortuosos, repletos de diferentes secciones. Aun así, no deja de ser un disco muy dinámico y rockero, adictivo desde las primeras escuchas. Extraordinaria la labor de Pablo Rega y Granell con unas guitarras muy ácidas, apoyadas por una base rítmica más que efectiva, que igual suena contundente que delicada, y un órgano Hammond que sin tener demasiado protagonismo envuelve de una forma muy sutil todo el disco aportando un ambiente muy cósmico.

 

El disco cuenta con seis temas bastantes largos:

 

"Andrew", que es la extraordinaria apertura del disco, quizás el corte más directo y rockero de todos. Comienza con un toque de guitarra precioso, una introducción que después se hace inolvidable. Pronto toda la banda al completo te lanza un verdadero pildorazo anfetamínico a la vez que lisérgico. Muy destacable el órgano de Enrique Otero.

 

“Sun, Glass & vacuum”, es un tema que empieza con una melodía que casi podríamos identificar como fúnebre. Granell acrecenta con su voz esta atmosfera triste. Poco a poco el tema va desarrollándose, las guitarras suenan con eco y preciosismo por el fondo, el órgano incrementa la melancolía. La segunda mitad del tema es casi todo un instrumental de una grandísima calidad y sensibilidad.

 

"Kozmic muffin", es un pieza de más de diez minutos y con evidencia el tema vertebral del disco. De muy sinuoso y cambiante desarrollo, siempre sujeto por una gran base rítmica, es magistral el trabajo de Patxi Valera a la batería, que durante todo el tema nos regala un gran recital. El tema cuenta con un increible trabajo de guitarra a dos en su parte central. Es esta una verdadera maravilla de canción que se marcan los Kozmin muffin como si tal cosa.

 

“Bedlam”, un tema muy bonito, mucho más tranquilo y contenido que los demás, y quizás el que suena más noventero del disco, con un cierto aire a grupos como Screaming Trees o Pearl Jam (recordemos que fue grabado entre 1993 y 1994). Un mero descanso para lo que llega después.

 

"Open minds", obra maestra de psicodelia guitarrera. Con un comienzo a lo puro Hankwind con un bajo estupendo y efectos de guitarra. Esta canción resulta realmente emocionante. Va acumulando energía para romper a los dos minutos con los gritos desgarradores de Granell, que como en el resto del disco canta realmente bien. Una sección central instrumental de wah-wah, órgano y grandes punteos de guitarra. Este tema es también increiblemente bueno y a la altura de los grandes.

 

"Eleusis" es el cierre del disco, también de más de diez minutos. Se trata de un ácido instrumental de genial y progresivo crescendo, descomunal trabajo de todos los músicos que sin darnos cuenta nos sumergen de golpe en un potentísma y desbordante orgía de distorsión, con una guitarra empapada en wah-wah y efectos propios del mejor space rock de los primeros setenta. Otra maravilla dentro de un disco que es simple y llanamente imprescindible.

 

Después de este disco Granell abandonó el grupo, aunque el resto de la formación decidió seguir y tomar una trayectoria más progresiva, también muy interesante, pero creo que sin llegar el nivel de este primera etapa. En todo caso, Nautilus queda ahí para ser descubierto para nuevos exploradores cósmicos.

 

Reseña de Antonio Ramírez