Tapiman es un grupo mítico que sin embargo ha quedado prácticamente en el olvido. Ha ocurrido con muchos grupos españoles de los 70, pero este es un caso sangrante, ya que su trayectoria es equiparable en calidad a muchos de los grandes grupos de rock de nivel internacional de su época.

Intentaremos con este artículo hacer un poco de arqueología musical y de camino informar a los lectores que no los conozca. Por otro lado, es imposible hablar de Tapiman sin tratar sobre su contexto histórico y sobretodo hablar de algunos de los otros grupos que les rodeaban, ya que la historia de esta formación se tejió a través de una compleja red de espíritus afines que confluyeron en la música rock de su momento.

 

Para un sector de la población de la España de finales de los 60 y comienzos de los 70, la música pareció aglutinar una serie de componentes que se consideraban contraculturales y antagonistas a los principios que imperaban en el régimen franquista. Esta radicalización de la música popular -extendido además a otros ámbitos de la cultura- era paralela a la que ocurría en otros países, pero la situación española era muy diferente a la de, por ejemplo, Inglaterra o Estados Unidos. Tras casi cuarenta años de dictadura eran inmensas las ganas de rebelarse contra un enemigo que era doble, pues a la bronca generacional que sacudía las bases de la sociedad occidental se sumaba el odio que los jóvenes –y no tan jóvenes- españoles sentía por el régimen fascista de Franco.

 

Si bien los cantautores de la canción-protesta suelen ser lo más recordado de esa época en cuanto a música, la realidad es que mucha gente, músicos y público, se dejó atraer por otro tipo de sonido mucho más excitante y enérgico: el rock. De esa manera, muchos estudiantes y también, pero en menor grado, una cierta parte de la juventud obrera al margen de los ámbitos universitarios e intelectuales, cayeron ente el embrujo de estos nuevos ritmos impregnados de magia y vapores intoxicantes. Eso posibilitó que el underground musical tuviera la oportunidad de mantenerse el tiempo suficiente como para ofrecer gran cantidad de conciertos y producir unos cuantos discos que han quedado para la posteridad como una prueba de su existencia, algo que resulta casi milagroso viendo el alto grado de represión social y cultural que el régimen infligía en sus últimos años.

 

Como decíamos, en la actualidad esta etapa del rock español es apenas tenida en cuenta por la cultura de masas y las instituciones, con la honrosa excepción de algunas publicaciones especializadas que de vez en cuando se acuerdan de estos músicos (por ejemplo Ruta 66). Pero se hable de ello o no, se le dé el valor que tuvo o no, la realidad es que, más allá de los tan promocionados cantautores y los sempiternos grupos comerciales que tanto suelen restregarnos por la cara, aquí se hizo muy buena música rock en los 60 y 70.

 

Un dato curioso es que, por una vez, toda esa actividad contracultural estuvo descentralizada, ya que salvo marcadas excepciones los dos principales focos de rock progresivo, al menos en sus comienzos, fueron Andalucía y Cataluña. Y aunque dejaremos para otro momento el rock andaluz es un hecho la gran cantidad de conexiones que el rock catalán entabló con sus hermanos del sur.

 

Los músicos, no solo en Andalucía y Cataluña, sino que desperdigados por el país integraban la primera oleada de balanceó su sonido entre la psicodelia o rock progresivo -o “música avanzada”, como la llamaban algunos en la época- fueron en muchos casos considerados como la avanzadilla de una nueva sociedad. Éstos solían usar drogas -las cuales fueron vistas durante un tiempo como medios efectivos de liberación- o al menos tenían las pintas desinhibidas que se esperaba de quien las usaba. Ser un rockero era una forma de rebelarse y se intentaba hacer de lo underground un modo de vida al margen de lo establecido, no tanto para evadirse como para ensayar otras posibilidades de existencia que transgredieran la sociedad franquista. Como decía Joaquín Salvador -pincha discos y ocasional percusionista de los sevillanos Smash- en su libro "45 revoluciones en España: 1960-1970":

 

(Había) que revolucionar las costumbres, los hábitos, la escala de valores. El subconsciente, lo onírico, pasa a primer plano. Es todo eso de la psicodelia, que es algo más que una palabra de moda. Y toda la cuestión de las drogas como medios de esas vivencias oníricas, surrealistas.

 

Pero lo más importante era que la música que hacían era hipnótica, excitante. Si bien no tanto en el contenido de las letras, como si era el caso de los cantautores, su rebeldía se reflejaba sobretodo en las formas, en la imaginación desatada de sus melodías y en esa experimentación electrizante que se esperaba de la nueva generación que se enfrentaría al régimen. Qué duda cabe que la Cataluña de los 70 era, en muchos sentidos, el centro neurálgico de la contracultura más antagónica con el franquismo. A todos los niveles de la cultura -arte, teatro, cine, literatura, etc- fue un lugar propicio para el surgimiento de una música de ingredientes genuinamente underground.

 

A diferencia de Andalucía, donde grupos como Smash, Gong o Nuevos Tiempos surgieron casi de la nada con muy pocos medios y apoyos, la escena catalana tenía una base más o menos estable sobre la que crecer, quizás por ello fue también más duradera y fértil. No por casualidad en Barcelona se notaban los aires nuevos que llegaban desde la cercana Formentera, donde una gran cantidad de freaks y hippies, muchos de ellos extranjeros, estaban montándose un pequeño mundo paralelo de amor libre y ácido. Este movimiento que se producía en las islas influyó fuertemente a artistas folk como Jaume Sisa o Pau Riba. Ambos estuvieron integrados después en la escena progresiva, pero en sus inicios se decantaban por un folk autóctono catalán que pronto se tiñó de psicodélico al descubrir las cualidades del LSD. En palabras de Pau Riba:

 

Fui a Formentera para probar el ácido. Era la época de los hippies y dormíamos en las rocas de la playa o en lo alto de los árboles. Hacíamos sopas psiquedélicas en grandes calderas, tipo Asterix.

 

Era este un efervescente ambiente donde el compromiso político genuino y el puro hedonismo pequeñoburgués se entremezclaban caóticamente, todo en un ambiente de semiclandestinidad. De esta manera, a finales de la década todo se había acelerado y el ambiente estaba lo suficientemente preparado cuando en el verano de 1969, como una explosión de luz y sonido, saliera al mercado el primer disco del grupo Máquina!, siempre apoyados desde sus inicios por el mecenazgo del librero barcelonés Ángel Fábregas. Este grupo, imprescindible para la aparición de Tapiman, fuerza un momento crucial de clara diferenciación entre la música pop comercial, que a veces se sumergía en la psicodelia con más o menos fortuna -ver las raíces de todo en el artículo de Adolfo Alcocer-, y el surgimiento de un rock con aspiraciones verdaderamente underground. Así pues, Maquina! fue considerado automáticamente el paradigma del grupo de rock experimental, solo equiparables por un tiempo con los Smash, formación que al otro extremo sur del país también estaba dando mucho que hablar.

 

Why?, el primer disco largo de Maquina! tras dos singles, era un trabajo realmente demoledor, repleto de temas muy ambiciosos en su estructura. Entre los surcos de este vinilo se combinaban temas suaves cercanos al sonido folk rock americano, la estridencia ácida de la guitarra fuzz o las complejidades de un órgano Hammond alucinado, era una orgía sónica a medio camino entre la psicodelia de finales de los 60 y el rock progresivo que iba a irrumpir con los 70. El tema que da título al disco, de más de veinte minutos, era una verdadera proeza, a mil años de un presente donde la lista de éxitos musicales estaba dominada por Raphael, Rocio Jurado o Manolo Escobar. Este tema épico, repleto de improvisación y excesos sonoros, fue como el definitivo pistoletazo de salida para una gran cantidad de músicos ansiosos de poner banda sonora a una generación.

 

Máquina! vivió de esta manera un corto periodo de considerable gloria. Era un contexto muy favorable dado que contaban con la aceptación de un público bastante numeroso teniendo en cuenta las circunstancias. Aunque una breve incursión en la capital del estado no reprodujo el éxito conseguido en su tierra, en Cataluña arrasaban allí por donde pasaban, e incluso llegan a ganarse la estima de Salvador Dalí, que entre otras cosas se declara públicamente admirador de la portada de Why?, con el famoso croissant y el reloj, obra del bajista y cantante del grupo: Jordi Batiste.

 

En Maquina! tocaba la batería Joseph M. Vilaseca, apodado "Tapi" por vivir en la barcelonesa calle Tapioles. Vilaseca no era de los miembros fundadores, pero dado su especial carisma y rebosante talento se había hecho fundamental para el grupo. Sin embargo, en 1971 el grupo tuvo que parar su actividad temporalmente por el servicio militar de dos de sus miembros (no iba a ser el primero ni el último grupo jodido por la puta mili) y Tapi decidió tomar las riendas del grupo, produciéndose así diferencias internas en cuanto a la orientación musical a seguir. Esto desemboca en la ruptura y en una posterior querella contra los miembros restantes por el nombre de Maquina!.

 

Poco antes de esto Vilaseca había sido reunido por el sello Joint junto a tres de los músicos del grupo Vértice. Tapi ya había colaborado con éste grupo en su único single y en esta ocasión graban varios clásicos del rock'n'roll y el blues. El resultado es un disco llamado Rock'n'roll Music, de rock muy potente y con tendencias muy progresivas que incluye versiones de John Mayall o Ray Charles. El disco es publicado en 1970 con una tirada muy corta. Este proyecto supone un claro anticipo de lo que vendría después con Tapiman.

 

Como Vilaseca no había conseguido hacerse con el nombre de Máquina! decide aprovechar que Vértice ha fenecido para llamar a su amigo guitarrista Miguel Angel Nuñez, con el que tras unos pocos ensayos comprueba que consiguen la química musical que un verdadero grupo progresivo necesita. Para el puesto de bajista acudió a otro ex-compañero de Vértice, el bajista Pepe Fernandez.

Como vemos había una constante en los grupos de la época: la repetida recombinación de la misma gente en diferentes proyectos. Esto se debía a que los músicos con inquietudes más o menos afines eran limitados en ese momento, y seguramente también porque en la España de esa época no era fácil para un joven de economía precaria -la gran mayoría- adquirir y mantener el equipo necesario para montar un grupo de rock. Con esta nueva formación como trío que deciden llamar Tapiman se dedican a componer una serie de temas inspirados en el rock más fuerte que estaba llegando a cuentagotas del extranjero, especialmente de los power trio a lo Hendrix Experience o Cream, pero ellos añadirían una peculiar rabia que estos referentes no tenían.

 

 

Al poco tiempo, con unos cuantos temas compuestos bajo el brazo, logran fichar por Edigsa para editar un primer single con dos temas: "Hey You" y "Sugar Stone", que resultan dos temas impresionantes de crudo hard rock con una clara vena progresiva, un sonido cercano al de otros grupos internacionales como Irish Cofee, Piel de Pueblo o los primeros Balleto di Bronzo, es decir, con un sonido directo y bastante crudo, aunque sin dejar el gusto por las filigranas en las guitarras o las complicaciones con los ritmos. "Hey You" se inicia con una base rítmica aplastante y perfectamente combinada. La voz suena muy ruda y con un inglés bastante dudoso que sería una de las marcas de fábrica de Tapiman. La guitarra casi se limita a acompañar en casi todo este primer corte, pero al final entra con un estridente solo que pone los pelos de punta. Por su parte, "Sugar Stone" es, si cabe, aun más fuerte y guitarrera, especialmente por el poderoso riff que la sostiene a todo lo largo de sus minutaje.

 

Es un single muy bueno y la cosa promete de veras, pero como no podía ser de otra manera comienzan a surgir problemas. Tras participar en este single M. A. Nuñez tiene que irse forzosamente para hacer la dichosa mili -¡¡parece que el servicio militar es la maldición de los músicos de la época!!- y deben buscarse urgentemente un nuevo guitarrista. Tapi sugiere para suplir este puesto a otro de sus antiguos compañeros en Vértice: Joaquim "Max" Sunyer, que tras ciertas dudas acepta. Esta no sería la primera colaboración entre Vilaseca y Sunyer, ya que un poco antes habían participado en un proyecto de electrificación del folk catalán que se editaría con el nombre de Primera Ronda de Cançons.

 

Un detalle curioso es que pese a la llegada de Sunyer, la banda mantiene el nombre de Tapiman, que no es más que el producto de unir el apodo de Tapi con las iniciales de Miguel Angel Nuñez y además la banda sigue tocando los temas compuestos por su compañero en el servicio militar.

 

Max Sunyer aporta a Tapiman su virtuosismo con la guitarra y sobretodo mucha versatilidad. Nuñez es desde luego un buen guitarra, pero Sunyer podía abarcar muchos más registros, pues lo mismo se marcaba poderosos riffs, propios del rock más cavernícola, que hacía brillantes y delicadas incursiones en el jazz. Se notaba que había tocado desde muy joven y a esas alturas era un experimentado músico de estudio que se ganaba la vida participando en cantidad de grabaciones comerciales de la época. Entrar en Tapiman le suponía la oportunidad de aplicar sus dotes a la música que verdaderamente le gustaba, aunque era ante todo una cuestión profesional, un medio de ganarse la vida y con la que sustentar a su familia. Para sus compañeros de grupo era otra cosa, era pura diversión.

 

A estas alturas Tapiman es un grupo más en una escena bastante aceptable. A lo largo de 1969, 1970 y 1971 habían ido surgiendo una nueva oleada de formaciones de muy diferentes estilos que van engrosando -algunos desapareciendo inmediatamente- las filas del rock progresivo: Pan y Regaliz, OM, Jarka, Fusion, Música Dispersa (donde colabora también Vilaseca), la etapa eléctrica de Pau Riba, etc. Estos grupos están tomando los escenarios de Cataluña, pero sin embargo no tienen demasiada repercusión en otros lugares de España. Incluso el "éxito" en Cataluña era realmente minoritario. Tómese como ejemplo el disco de Música Dispersa, el cual solo vendió 350 ejemplares, algo que puede darnos una idea de las dimensiones de lo que estaba ocurriendo.  

 

En esta situación de discreta expansión del underground los Tapiman sacan un nuevo single, ya contando con la colaboración de Max. En este nuevo trabajo se hace evidente una nueva orientación en el sonido del grupo. La poca prensa que se dignaba a prestar atención a todo este movimiento había destacado a Tapiman como uno de los mejores en directo y este nuevo plástico es saludado efusivamente. Sin embargo también puede interpretarse este cambio de rumbo como un paso en falso. Este single, que incluye los temas "Love Country" y "Walking all along the life", es mucho más suave que el anterior. No son temas malos, pero es evidente que no reflejan toda la capacidad energética del grupo, perdiendo quizás aquello que los hacía tan especial: su crudeza y contundencia.

 

Son tiempos revueltos para el país. En 1971 se celebra el festival permanente del Salón Iris de Barcelona, donde Tapiman participa junto a Smash, Sisa, Pan y Regaliz o Pau Riba. Dado el ambiente de revuelta que aun coleaba tras los llamados procesos de Burgos la policía se dedicó a apalear sin miramientos a la salida de cada concierto, por el simple hecho de ser "cosa de peludos". Tapiman también participa en Madrid en un festival de rock progresivo que el año anterior no había podido llevarse a cabo a causa de una batalla campal entre estudiantes y rockeros. Pero pese a esta inestabilidad política y el ambiente de violencia, son también días de mucha movida y diversión. Según palabras del propio Vilaseca en una entrevista publicada en Ruta 66 poco antes de fallecer:

 

En Lerida, en Borges Blancas, nos tiraron todos los tomates de la comarca, pero no era algo que sucediese a menudo. Actuamos por toda España. Recuerdo que en León fuimos a ver la catedral y al salir nos empezó a perseguir un grupo de gente al grito de "¡Peludos, a ellos!". A Gijón fuimos en tren y los taxistas se negaron a llevarnos al hotel, vieron nuestras pintas y pensaron que les íbamos a atracar. Tuvimos que cruzar la ciudad a pie, con las maletas y el equipo. En Sevilla encontramos mucho ambiente, nos pasamos una semana borrachos. También recuerdo con agrado el norte, en Pamplona lo pasamos maravillosamente.

 

Tras el segundo single, ya en 1972, la banda saca por fin un LP, para ello se escogen temas procedentes de la etapa de Nuñez y otros nuevos. Afortunadamente se decantan por volver al sonido del primer single y el tono general del disco es de una fuerza como antes no se había oído en un grupo de este país. El disco está envuelto en una llamativa portada que roza lo kitsch, pero sin duda es de inmenso encanto. Ésta es obra de Guillem Paris (miembro de los Pan y Regaliz, uno de los grupos con los que Tapiman compartía escenario con más frecuencia).

 

Este disco homónimo se abre con "Wrong World", Escrita por Sunyer y Pepe Fernández, sin duda uno de los mejores temas de hard rock de la historia de este país. Es un corte frenético de principio a fin. Sobre la aplastante base rítmica de Tapi y Fernandez, el guitarrista se luce sacando a la luz todos sus recursos con un solo largo e intrincado que suena a la vez a hard rock y a jazz. La voz de Fernández es muy ruda y va perfecta al tema.

 

Tras esta apertura magistral llega "Gosseberry Park", escrita por Puig Cabanach, antiguo compañero de Vilaseca en Maquina! Este corte es más pausado y melódico que el anterior, con una letra de claras referencias lisérgicas. Aquí la voz suena mucho más contenida y apoyada por unos coros muy buenos. Nuevamente el bajo y la batería se combinan a la perfección, y la guitarra de Sunyer vuelve a brillar con un tono más épico y delicado.

 

Llega después "Dont't Ask Why", tema de la primera etapa ya que es una colaboración de Vilaseca y M.A. Nuñez. Es un corte repleto de cambios que pasan de la suavidad a los ritmos jazzeros muy rápidos. Como en el tema anterior canta Tapi, y es evidente que el inglés no es lo suyo, sin embargo eso no evita que este corte vuelva a ser sublime. Impresionante como suena el trío en la parte final donde el bajo de Fernández tiene tanto protagonismo como la guitarra.

 

"Practice" es un tema de Sunyer y al parecer hace referencia en su letra a la falta de disciplina del grupo para los ensayos, algo que Sunyer sufría especialmente ya que era un músico mucho más metódico que sus compañeros. En lo musical es un tema muy bueno, definido por un original riff de guitarra.

 

"Paris" es una colaboración entre Vilaseca y Sunyer. Se trata de un instrumental de un tono muy melancólico donde la guitarra de Sunyer sobrevuela bien alto (apoyado por el órgano que Vilaseca añade después). Un excelente corte.

 

"No Chance" es otra composición de Sunyer. Es un corte mucho más alegre que el resto y de estribillo pegadizo que vuelve a ser la excusa para que la guitarra haga maravillas sobre una fenomenal base rítmica. En un álbum donde todo es excelencia este corte llega a ser de los mejores.

Cuando aun no nos hemos recuperado de lo anterior llega "Moonbeam", un instrumental -nuevamente de Sunyer- que llega también a la máxima altura y donde hay que destacar por fuerza la magnífica batería de Vilaseca.

 

"No Control", otra colaboración Vilaseca-M.A. Nuñez, es el regreso del más puro hard rock de riffs mastodónticos y voces rudas, esta vez con marcado acento blusero. Impresionantes el bajo y la poderosa guitarra de Sunyer.

 

"Jenny" colaboración de Sunyer y Pepe Fernández, es la balada del disco, por cierto bastante extraña. Fernández, con un inglés aun peor que el de Tapi, nos va desgranando una dramática canción de amor. El resultado es cuanto menos encantador, con una atmósfera muy de la época. Hacia el final toda la banda rompe el tono suave y se marca una tremenda jam.

 

"Driving Shadow (Pepe's Song)", colaboración de Nuñez y Pepe Fernández, es el tema más largo del disco, claramente dividido en varias secciones. Se inicia con una rotundidad inédita hasta el momento, con una velocidad y potencia que puede tacharse de proto-trash. Después la cosa va variando con un largo y original solo de Sunyer. Espléndido también el juego de bajo / batería. Vuelve después la velocidad inicial, aunque repentinamente se corta y el tema entra en una especie de pasaje psicodélico de órgano distorsionado y voces alucinadas. Un cierre único para un disco que en opinión del que escribe no tiene fallo alguno.

 

Como era de esperar esta historia no tiene un final feliz. Pese al éxito de crítica que tuvo el disco y los previsibles buenos resultados para el futuro, Tapiman no duró mucho tiempo más como tal. Max Sunyer decide dejar el grupo al comprobar cómo sus compañeros no se lo toman tan en serio como él. Desde que salió el disco la poca disciplina en los ensayos es cada vez más pronunciada y Sunyer, que se toma la música como su profesión, no lo puede consentir. Así pues la formación más fructífera de Tapiman se rompe, dejando en el panorama progresivo español un hueco irremediable. Es verdad que Tapiman reaparece después con otra formación llegando a editar un disco en directo llamado En Ruta, pero aunque esta formación es buena, no llegan ni de lejos a la calidad e inventiva de los primeros años.

 

Tras Tapiman, Vilaseca por otros grupos entre los que destaca Lone Star. Por su parte, Sunyer se embarca en grupos como Iceberg, liderando una segunda oleada de rock progresivo paralela a la revitalización del rock Andaluz o la llegada del punk y el rock urbano.

 

Pero esa ya es otra historia...

 

 

Artículo de Antonio Ramírez