Zdzisław Beksínski


La obra de Zdzisław Beksínski (Polonia 1929 – 2005) es cada vez más conocida. Transcurrida algo más de una década desde su trágica muerte, su trabajo y su vida no dejan de ser motivo para diferentes ediciones de libros, artículos en revistas y periódicos, programas de televisión e incluso ha servido como argumento para una reciente (y muy recomendable) película biográfica. Como curiosidad hay que señalar que aquí en España fue incluido, aunque desde la perspectiva sensacionalista que le caracteriza, en el programa de Iker  jimenez. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con H. R. Giger, la obra Beksinski no ha sufrido una comercialización exagerada, quizás porque en comparación con el suizo no tuvo relación con la industria cinematográfica, restringiéndose durante mucho tiempo al círculo de los aficionados al arte fantástico y macabro. Expuso poco y hasta hace nada la bibliografía relacionada con él era realmente limitada o de difícil acceso, algo que internet ha ido cambiando por completo.

 

Es posible delimitar con claridad varias etapas en la trayectoria artística de Beksinski, sin embargo es indudable que todas están atravesadas por un mismo espíritu. Ya desde sus primeras fotografías se percibe el gusto por perturbar al observador mediante el uso extremo del claroscuro o con las formas espinosas y angustiantes de sus esculturas, lo cual derivó en lo siniestro y lo macabro cuando comienza a experimentar con el dibujo, el grabado o la pintura. A partir de ese momento, Beksinski se consagra a explorar un universo imaginario que hunde sus raíces en cierta idea de la ruindad del espíritu y la materia. Todas sus imágenes expresan una realidad en desintegración, algo que en cierta manera le hermana al pintor español José Hernández, con el que comparte la dificultad de ser catalogado. Está claro que el surrealismo tiene algo que ver, pero también el expresionismo, la abstracción o incluso el arte de la edad media. Aunque Beksinski siempre declaró que nunca tuvo demasiado interés en la obra de otros artistas. Jamás pretendió buscarle un significado a sus imágenes, llegando al punto de prescindir de título para ellas. Principalmente durante los 60 y 70 sí es posible hablar de una temática reconociblemente fantástica, llena de seres y escenarios que abarcan desde lo cósmico hasta lo infernal, lo cual es asimilable al comic de terror o ciencia ficción de los 70 y 80, aunque con una calidad incomparable. No sé qué conocimiento tenían de Beksinski dibujantes como Philippe Caza o Druillet, pero sin duda su obra fue influyente en ese ámbito.

 

Una vez pasada esa etapa fantástica más “narrativa”, Beksinski comienza a explorar una pintura más formal, centrada sobre todo en las texturas y las atmósferas. No obstante, lo perturbador sigue ahí, aunque de una forma más difusa, pero sigue sumergiéndose en el mismo universo en descomposición de antes. Quizás lo más perturbador de las imágenes de Beksinski es que por muy extrañas o imposibles que sean no dejan de insinuarse como un reverso de la realidad cotidiana, como un “otro lado” no tan lejano del que presenciamos ante nosotros y que puede terminar por invadirnos. La condenación, la angustia, la perversidad, la muerte, pero sobre todo: la entropía de todo lo que existe, ese parece ser el verdadero tema central de la obra de este pintor excepcional.

 

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Más información en la web www.beksinski.gallery