Dentro de la larga tradición del humor negro y lo malsano en la historieta francesa, Stéphane Blanquet puede ser considerado uno de sus autores más sobresalientes. Sin embargo su trabajo no se queda ahí, también incluye momentos de luminosidad y belleza que parecen extraídos de un cuento de hadas. Es en esa ambivalencia donde se mueven las imágenes de Blanquet, listas para repelernos y fascinarnos por igual.

 

Nacido en 1973, descubrió muy pronto su vocación viendo películas de terror en la televisión (de niño le impactó sobremanera la clásica producción de serie B Creature from the Black Lagoon). También se ha sentido siempre muy atraído por aspectos aberrantes o transgresores de la cultura popular, como es el caso los cromos de La Pandilla Basura, las fotonovelas pornográficas o la mítica revista de humor Hara Kiri (donde descubrió a autores básicos para él: Roland Topor, Philippe Vuillemin, etc.), que después daría paso a Charlie Hebdo. Posteriormente descubriría el comic underground, sintiendo gran afinidad por autores como Robert Crumb, Matt Konture, Charles Burns o Julie Doucet, demarcando así su gusto por un grafismo agresivo y barroco, con gran uso del claroscuro y las tramas, lo cual acentuaría aún más su fijación por lo macabro, lo grotesco, la crueldad, la violencia y todas las variantes del erotismo más bizarro.

 

Sus historias suelen situarse en un universo malsano lleno de psicópatas, seres deformes y crueles, con enfermedades extrañas o movidos por una perversidad generalizada, pero sin abandonar por ello, como decíamos en un comienzo, una especie de atmósfera infantil propia de las fábulas, lo cual provoca que todo sea aun más perturbador. Blanquet hace de la carne y los cuerpos su principal campo de exploración gráfica, sin pudor alguno, siempre exponiéndolos y manipulándolos de forma extrema. Abundan las secreciones y los fluidos, que muchas veces cobran vida propia. Todos sus personajes parecen querer escapar de alguna manera de su propio cuerpo o son obligados por algún retorcido medio. Son numerosas las transformaciones, las usurpaciones y las mutilaciones corporales y mentales. También son habituales los personajes encerrados u ocultos, ya sea por su familia o voluntariamente, debido a algún tipo de deformidad o deficiencia. La vergüenza, el rencor, la venganza, la atracción enfermiza, etc., suelen ser las motivaciones que mueven a sus personajes, todo ello a través de un sentido del humor salvaje y pasado de rosca que congela la sonrisa y pone a prueba la sensibilidad. Sin embargo, también ha publicado libros dirigidos al público infantil, evidentemente mucho más suaves donde todas esas obsesiones son sublimadas.

 

Además del comic y la ilustración también ha probado en otros medios como la animación, la escultura o la fabricación de juguetes, el diseño escénico y la moda. También ha realizado instalaciones multimedia o ha hecho pintura sobre cuerpos con resultados impresionantes. Pese a que ha ido alcanzando un considerable éxito comercial publicando en editoriales prestigiosas como Fantagraphics Books o Last Gasp, incluso logrando acceder a la televisión con una serie de cortos animados (ver aquí) basados en sus Historias mudas, figurando además su obra en multitud de galerías y colecciones internacionales (una exposición suya en Singapur en 2013 tuvo más de 100.000 visitantes) nunca ha dejado de apoyar el underground mediante su participación en ínfimos fanzines y promoviendo ediciones muy limitadas a medio camino del comic y el diseño gráfico. Actualmente está al frente de la editorial United Dead Artists, la cual le sirve para publicar sus propios libros o de otra gente que le gusta. Como suele pasar con este tipo de autores extremos, en España hemos visto su obra editada de forma demasiado minoritaria y dispersa. En los años 90 tuvo su aparición en el fanzine Nosotros somos todos los muertos y también en algunos monográficos mediante editoriales pequeñas como Tabasco Carrasco o El pregonero. Desgraciadamente son tebeos muy complicados de encontrar hoy en día. Urge la edición en castellano y en condiciones de los libros de Blanquet, ya va siendo hora. Nunca hay que perder la esperanza, como ha ocurrido con Julie Doucet gracias a la editorial Fulgencio Pimentel.

 

Entre sus obras más recomendables citaremos a: Mon placard (cuenta con edición en castellano), sobre la truculenta historia de un niño bicéfalo encerrado en un armario. La Vénéneuse aux deux éperons, bellísimo libro de historietas mudas hecho a la forma de las sombras chinescas, con una historia muy extraña y laberíntica sobre la infancia, los sueños, el sexo y la muerte. Recientemente, ha salido una reedición de Guimauves (editado por Cornelius, como los dos libros antes citados), que es una estupenda recopilación de historias cortas substancialmente ampliada respecto a la primera versión. Para una visión panorámica y muy completa de su obra es imprescindible la lectura de Monographie Lacrymale, libro repleto de ilustraciones y textos donde Blanquet y otros autores examinan su peculiar universo privado.

 

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