Bubble Bones

"The Howl"

  Nooirax Records (2018)

 

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Llega, tras tres años de la edición de su primer CD, el nuevo disco de los madrileños Bubble Bones, banda que merece ser conocida por todos los amantes del rock ácido que necesiten urgentemente buenos momentos guitarreros.

 

En este nuevo trabajo, titulado The Howl, repite la misma formación: Simón Gumbo a la guitarra y la voz, Shakin David al bajo y Cuelebre a la batería. Contando además con la colaboración de Jesús Penaranda a la armónica, Carolina Dubois a la voz en un par de temas, además de un coro femenino que de vez en cuando aporta su nota de color. Esto del coro femenino no es algo casual, pues aunque este nuevo CD sigue en términos generales una línea similar al anterior también es verdad que de alguna manera incide bastante en la parte más rocanrolera de Bubble Bones. La banda ha elegido otra vez los estudios madrileños de Fonoraptor, con Antonio Astray encargándose de toda la parte técnica, desde la grabación hasta la mezcla y la masterización, volviendo a sacar al grupo el sonido sucio y vibrante que tanto le caracteriza en sus directos. Por lo demás, Bubble Bones demuestra que ha ganado aun más consistencia con el paso del tiempo y mantiene sus engranajes perfectamente engrasados. En ese sentido, continúan siendo fieles a la larga tradición de los power trio que tantos buenos momentos han dado a la historia del rock desde la década de los 60 y 70, con una base rítmica potente y dinámica que sirva de trampolín para una guitarra que en ocasiones hecha fuego en el sentido literal.

 

Los Bubble Bones no ocultan para nada sus raíces musicales, todo lo contrario, insisten en ahondar cada vez más en ellas, pero creo que con este disco han conseguido trascender bastante la etiqueta “setentera” aportando a su sonido una vertiente más rabiosa y macarra si cabe, lo cual de algún modo les emparenta con ese terreno híbrido y tan fructífero iniciado por los MC5 que se desliza por igual en el punk más rockero, en el garage, en el hard blues, en el rock ácido… siempre con la intención de volarte la cabeza con ondas de energía sónica. Creo que ese es el espíritu que prevalece en este CD, cierto que con algunas notables incursiones en lo psicodélico, pero siempre terminando  por aterrizar en un rock más terrenal y fangoso que te traerá a la cabeza a grupos como Thee Hypnotics, Cosmic Psychos, Lords of Altamont, Johnson Noise y otros de variado pelaje, aunque, eso sí, siempre con el fantasma de Jimi Hendrix y otros dioses del rock añejo vigilando de cerca…

 

Se abre el CD con “Country Woman”, tema de hard rock muy potente y basado en un par de riffs claramente definidos, al que además no le falta cierto sentido del humor. Seguimos con “Electric Touch”, donde seguimos en la misma onda frenética y tan cargada de electricidad que me ha recordado a unos Grandfunk bastante mosqueados. En ambos temas la guitarra de Simón Gumbo suena tremenda. Despues “Monkey Finger” rompe con mucha insolencia y chulería rocanrolera, algo en lo que ayuda la voz y los coros. En este corte destacaría el excelente trabajo que se marca el bajista.  Seguimos con “The Howl” , que es un hard blues en toda regla, muy bien llevado y con la dosis justa del dramatismo tan inherente a ese estilo. Con “Intergalactic Diplomatic” volvemos al un rock más ácido, donde ante todo resalta una guitarra impregnada en substancias lisérgicas, por supuesto muy bien apoyada por el bajo y la batería. Este tema es de mis preferidos del disco. Aunque “Zen Warrior & The Electric Whiplash” no se queda muy atrás, pues es otro de los platos fuertes de The Howl.  Este corte está dividido en partes muy diferenciadas y busca una intención mucho más atmosférica y psicodélica. En contraste, con “Flying Saucer”  recuperamos un tono más enérgico y rabioso,  aunque sin abandonar del todo la lisergia del tema anterior. Con “Angry Woman” nos encontramos con algo así como un blues rock psicótico que te dejará KO, donde una vez más brilla una fabulosa linea de bajo. “Broken Star” es una balada psicodélica (con momentos de pura tormenta eléctrica), un corte muy  envolvente que te atrapa de improviso y no te suelta. Esa guitarra suena magnífica. Cierra el disco “Royale with Cheese”, un tema que recupera la línea seguida en la mayor parte del disco, con una base rítmica atronadora, un riff muy definido y contundente, y sobretodo las tremendas entradas de guitarra solista, todo ello con una actitud en la parte vocal de pura insolencia macarra que los aleja del peligro de caer en la pedantería en que a veces incurren los grupos relacionados con lo psicodélico.

 

En suma, un más que recomendable disco  que en mi opinión aporta una propuesta interesante y lo suficientemente original en el siempre precario panorama hardrockero de nuestro país. No te lo pierdas.

 

 Reseña de Antonio Ramírez


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