Mater Dronic

 

"Y del Cielo nacen monstruos"

 

Autoedición  (2017)

 

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Llega el nuevo trabajo de Mater Dronic en un momento de relativa buena salud en el mundillo progresivo-psicodélico-hard-rockero español, lo cual, esperemos, sirva para que tenga el suficiente alcance no solo entre sus seguidores más persistentes sino también entre el nuevo público que se esté interesando ahora en estos sonidos. La discografía de J.C. Sisto, alma mater de Mater Dronic, ha seguido una trayectoria dispar a lo largo de las últimas décadas, pero se ha caracterizado por una permanente fidelidad al espíritu psicodélico y progresivo, convirtiéndose en un referente ineludible cuando se habla de este tipo de música, además de ser uno de los mejores guitarristas de este país, aunque por desgracia siempre se tenga la sensación de que es más conocido en el extranjero que aquí. ¿Puede ser éste su momento? Esperemos que sí.

 

Hasta ahora, sus últimas ediciones habían sido: Electroshock! de Shakti's Delirium, una regrabación de material de bandas antiguas suyas como Fuzz Machine o Expresionistas; y en el caso de Ángeles de Opio (reseña en esta web) se trataba de la reedición de unas improvisaciones realizadas con los hermanos Ceballos (RIP KC, Melange) hace unos años. Sé que hay también por ahí rulando un CD editado de forma casera bajo el nombre de Astrovudú, con experimentos guitarreros recientes, pero no he podido hacerme con él. Así que estaba impaciente por oír algo realmente nuevo de Sisto, además con Mater Dronic, que quizás sea la nave nodriza desde la que orbitan todas sus demás experiencias musicales y donde siempre termina por revertir toda su evolución a lo largo de estos años. Así pues, Y del cielo nacen monstruos es el tercer disco de Mater Dronic tras aquel 20.000 leguas de viaje psicoactivo editado en 2014, que me gustó mucho, pero del que ya había transcurrido demasiado tiempo.

 

Como todos los trabajos de Sisto, Y del cielo… es un verdadero artefacto formado mediante piezas interconectadas, donde la improvisación y lo planeado se mezclan sin distinción y con precisión de relojero. Para funcionar necesita de bastantes escuchas. A medida que lo vamos asimilando comprobaremos la multitud de detalles y niveles, la infinidad de matices de una paleta sónica muy amplia, pero que tarde o temprano terminan por encontrar su pleno sentido en nuestra sensibilidad. Que no se asuste nadie, en la práctica estamos hablando de un disco que entra realmente bien, aunque sea de largo alcance en su comprensión y disfrute. Quizás tenga que ver en ello la variedad que ofrece, algo así como una intensa montaña rusa donde en un momento estás en la cresta de la ola de la distorsión y potencia guitarrera y en el otro has descendido a un océano de puras atmósferas, aunque siempre prevalezca un sentido enérgico de la música, siempre dispuesto a elevarnos un poco sobre nosotros mismos a través de las vibraciones y las bruscas disonancias.

 

Tras un breve introducción llamada “Impresión” entra el primer tema: “Nueva eternidad”, que es un corte animado y lleno ritmo, con ese característico sentido melódico que Sisto sabe dar a sus composiciones más poperas, logrando un contrapunto entre el lirismo y la estridencia guitarrera que hasta cierto punto nos retrotrae al freakbeat inglés de mediados de los 60. Excelente forma de abrir el disco, a medio camino de lo psicodélico que automáticamente nos levanta el ánimo y a la vez dispara en nosotros ese resorte que nos hace desear momentos más lisérgicos y evocadores. “En la nada” ahonda precisamente en ese ascenso (o descenso, según se mire) a la disonancia y lo ambiental, con cortantes cambios de ritmo e intensidad y gran trabajo de la base rítmica. Aquí ya nos encontramos con una muestra más contundente de la capacidad de Sisto para crear tormentas sonoras. “Cápsulas” es un tema más tranquilo, más sutil, que por alguna razón me trae a la cabeza los primeros discos de Porno for Pyros, los cuales tenían mucho de psicodélicos. Aunque Sisto expande más las dimensiones de la guitarra en comparación con el proyecto de Perry Farrell. En el caso de esta canción, la base rítmica es una programación. En un principio eso me tiraba para atrás, pero al final me ha terminado por gustar mucho (¡aunque se agradece que solo lo haya hecho en un tema!). Con “Dragones sónicos” volvemos al uso de la batería real y de hecho al rock con todo su carácter enérgico y provocador. Temazo que hará las delicias de los amantes de la psicodelia más cañera, con un riff persistente, una base rítmica pesada y una magnífica guitarra ácida como solo sabe plasmarla Sisto. Como en “En la nada”, en este tema colabora Alicia Alba a los coros y a la mitad entra el saxofón de Cristian Moreno en duelo con la guitarra eléctrica, siguiendo esa estela que en la psique musical colectiva dejó el Funhouse de los Stooges. El resultado es tremendo, como pocas veces hemos escuchado en un disco grabado en nuestro país, solo se me ocurre aquel “Vuelo infierno/After en Marte” del primer disco de Viaje a 800.

 

Tras este magnífico trallazo lisérgico no terminamos de aterrizar, pues llega “Mi paraíso”, uno de los temas que más me gustan del disco y en el que encontramos de todo: buenas melodías, calidad compositiva y nuevos momentos psicodélicos que hacen volar la cabeza. Por alguna razón, esta canción me parece una mezcla de los UFO de finales de los 60 con Mick Bolton, más psicodélicos, y las estrellas rockeras en que se convirtieron a partir de mediados de los 70 con la entrada Michael Schenker, con un talante mucho más terrenal. Una auténtica fiesta para los oídos. Después llega “Plegaria de la sombra inerte/ Abstracciones”, un corte bastante más experimental y que se basa en la pura expansión sónica, con un largo pasaje de Sisto a solas con su guitarra demostrando su gran capacidad interpretativa. Pero no quisiera que se pensara en un mera despliegue técnico, Sisto no es un simple virtuoso. Hablo de saber controlar los matices de lo eléctrico mediante lo evocador y lo sutil, algo muy importante en este tipo de música. Tras este momento mágico y cercano al rock espacial entra “Vuelvo a ser Mr. Hyde”, un breve paréntesis de rabiosa alegría punk entre tanta psicodelia. Se cierra el disco con “Precipicios”, otro de los platos fuertes del disco. Sobre un riff potentísimo (imposible no pensar aquí en Led Zeppelin) Sisto va desarrollando un soberbio ejercicio de deconstrucción, transformando el tema poco a poco hasta que todo se va disolviendo en levedad y sutileza, consiguiendo un final de esos que se recuerdan por mucho tiempo.

 

Con este disco, considero que Sisto recupera parte del espíritu de su ya clásico Mundo espectro para llevarlo más lejos, es decir, mediante un actitud evocadora a la vez que áspera que busca espabilarnos del nuestro letargo sensorial, para nada autocomplaciente pese a los peligros de un género musical en el que parece que todo vale. Creo que es un gran paso adelante en su evolución musical, superando lo hecho en el segundo disco, algo disperso quizás en su concepto, lleno de muy buenas canciones, pero excesivo en su minutaje. Este nuevo disco confirma, una vez más, a Sisto como una figura clave de la psicodelia en nuestro país y a la vez como único en su especie. Sería muy bonito ver que lograra unirse al destino de otras bandas que además de metas musicales están logrando una relativa atención que va más allá del típico circuito underground. Ojalá sea así.

 

Reseña de Antonio Ramírez

 

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