Ryan Martin

Gimme Some Light

High Moon (2018)

 

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Desde la distancia es difícilmente apreciable y lo vemos nebulosamente como algo especial, inaudito o fuera de nuestro entorno. Pero en Estados Unidos, desde hace décadas y décadas, el hacer música de raíces country rock es una tradición que se pasa generacionalmente de padres a hijos. Etiquetas como el rock americana, no tienen nada de especial… Es solo un producto de la prensa especializada para dar nombre y venta a algo que no ha cambiado durante años, solo ha evolucionado mínimamente con el cambio de los tiempos. Ryan Martin entra en ese sector musical donde la música tradicional americana es una pieza importante en lo que nos tiene que ofrecer.

 

Ryan Martin es un californiano que desde muy joven empezó a moverse por el mundillo de bandas de su zona de forma autodidacta. Cuando todo empezaba a despegar, un accidente de tráfico lo arrastró a la oscuridad de la cárcel durante un cierto tiempo. Cuando sale de ese escollo, apunta hacia un lejos destino cambiando así de estrategia geográfica. Acaba en New York buscándose la vida, y parece que la encuentra entre el mundillo musical de su entorno. Reúne a una banda y graba un disco debut en el año 2013, titulado For All The Beautiful Losers. En el ámbito neoyorkino se hace un nombre local y consigue cierta estabilidad en cuanto a conciertos. Aunque van a tener que pasar una serie de años hasta que decide grabar un nuevo trabajo discográfico. Aquí lo tenemos, y es una de las últimas referencias por parte de High Moon Récords. Grabado en los estudios Art Farm, donde gente como The Felice Brothers, The Hoodies o Elijah Blue Allman han grabado su propia música. Este Gimme Some Light de Ryan Martin se nos traduce como una redención totalmente musical. Trece temas salidos espiritualmente desde lo más hondo por parte de Martin. Definitivamente lo van a poner en órbita y esta vez sí que parece que va a ser por mucho tiempo. Comparado con músicos como Bruce Springteen, Ryan Adams o Neil Young, entre muchos otros. Siempre hay algo más que dicta desde otros orígenes más profundos. Nos encontramos en su sonido algo de Poco, o Gram Parsons, puede que Buffalo Springfield, sin duda The Outlaws o incluso The Grateful Dead… Las referencias comparativas pueden ser largas desde luego, y más en los tiempos que corren. Géneros como el country, el bluegrass o el folk están en la comunidad americana desde que el primer colono pisó aquella tierra prometida. Y Martin parece que en parte sabe canalizar ese aspecto tradicional, con este fantástico segundo disco donde el rock también está presente, pero visto desde lo clásico y sin pautas demasiado comprometedoras.

 

Es innegable que algunas influencias van a ser palpables. Aunque tradicional, verdaderamente es un género muy trillado que tiende a reflejarse en la creatividad de los que van marcando el cambio generacional. Pero no por ello la labor compositiva de Martin en Gimme Some Light deja de ser de gran calidad. La formación que lo acompaña en este disco es especialmente frondosa en número. Ryan Martin a la guitarra, teclado y algún bajo ocasional, Keith Robinson a la batería, Dave Smith al bajo, Jonny Larm al pedal steep, Sean Boyd al banjo, Cornelius McMoyler a los teclados, incluyendo una sección a los vientos y otra a los coros. Comienza el disco con “All The Good Men”, un tema introductorio de ritmo lento y sincero. “Destitute Darlings” nos ofrece un sonido pop rock de estribillo exquisitamente sencillo y con estructura de sencillo. ”Death Of Love” induce a Martin hacia una maravillosa balada de sonido country pop. Composición muy agradable que emociona desde una primera escucha. Continuamos con el sonido intimista de “Parasol”, Martin con una guitarra acústica y poco más. Volviendo repetidamente hacia ese sonido, con temas como “Be Kind” o “Ask Your Mother”. Está claro que sabe sin duda atrapar al oyente con su gran voz. “Say You Love Me” anima el transcurso del disco, con una composición pop rock de estribillo directo y sencillo. El solo de guitarra es puro sonido Neil Young. Entramos en vereda bluegrass con “Dangerously Unplugged”. Una delicia con sonido a steel pedal, que recaba hacia mediados de los años sesenta, cuando The Charlatans empezaban a iniciar parte del sonido frisco. Volvemos a ritmos más calmados con algún medio tiempo llamado “Regular Man” o “Lepers In Armor”. Sonidos parcialmente inocentes, pero muy bien interpretados por este músico de gran voz. “Suicide Parade” incide en el sonido outlaw country de mediados de los años setenta. Un género que movía a miles y miles de personas. En “Adeline” nos ofrece una gran composición de pop rock directo y sin mucha complicación. Finaliza con “Real Human Being”, una balada acústica donde Martin acaba esta travesía personal. No entra precisamente en sonidos novedosos, pero si te gustan los grupos encuadrados en el rock clásico americano tirando a lo básico, vas a disfrutar de lo lindo con este Gimme Some Light.      

 

Reseña de Germán Ramírez

 

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