Pylar

"La Gran Obra"

Knockturne Records - (Casete) (2016)

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El Subconsciente, el Sueño, la Imaginación… eran elementos que hasta hace poco formaban parte imprescindible del ser humano, pero llevan tiempo perdiendo la batalla contra la Razón y el Pragmatismo, empujados al rincón de lo considerado improductivo y superfluo, e incluso de lo directamente patológico. Sin embargo, de vez en cuando los diques se vienen abajo y esas fuerzas irrumpen en esta realidad mecánica que hemos asumido como la única y verdadera, por ejemplo a través de un acto creativo como puede ser la música. Entonces, por un momento, la realidad se revela como algo más.

 

Pylar personifica a la perfección de que manera puede ser la música un vehículo para esa corriente subterránea que existe bajo la “normalidad” que nos condiciona. Su discografía supone la construcción de una mitología antagónica al mundo contemporáneo, siempre tomando como fuente unas simbologías que se prestan a la interpretación y al retorcimiento conceptual aunque siempre en la órbita de una Tradición muy antigua. Pero a diferencia de otros grupos que se contentan con usar una estética más o menos ocultista (lo cual no tiene porque ser malo, todo depende del resultado), Pylar se tira sin salvavidas a la mar profunda de la Tradición Mágico-Hermética. Y en verdad, sus discos (y más aun sus actuaciones) pueden suponer verdaderos rituales mágicos en el sentido más literal de la palabra, puesto que pretenden ser un modo de alterar la consciencia del que los escucha y conseguir ese “desarreglo de todos los sentidos” que Arthur Rimbaud reclamaba como función del verdadero Arte. Más que música, lo que Pylar ofrece es un experimento sensorial, o para decirlo más claramente: un juego, uno que solo funciona con la complicidad del oyente, aunque se sepa que la partida está perdida desde un principio. Más allá de que te guste tal o cual riff, tal o cual melodía, Pylar graba sus discos con la intención de clavarte su música entre las costillas y proponerte un reto en el que el placer, la diversión o el mero entretenimiento no tienen porque ser el quid de la cuestión.

 

Con este nuevo trabajo (editado en casete por Knocturne Records en una tirada limitada de 113 ejemplares), el grupo sevillano continúa esta senda hacia las profundidades (o quizás hacia las alturas) de lo arcano, en esta ocasión centrándose en la Alquimia, la gran doctrina de la Transmutación de los minerales. La casete viene envuelta en una cubierta obra de un tal Lord Graograman, un dibujo muy acorde con el espíritu del disco, pero eso de que el tipo se haya puesto el nombre de un personaje sacado de un libro de fantasía para niños no dice nada positivo de su estabilidad mental. Lo siento, tenía que decirlo.

 

El legendario resultado de esta transmutación que busca la Alquimia, la Piedra Filosofal, se sitúa en un plano imposible que no es ni material ni espiritual. Por lo tanto, está claro que la Alquimia supone un gran anacronismo en una época como ésta en la que todo lo material está medido, comprobado y perfectamente situado en su lugar. Así pues, la Alquimia también ha ido a parar al gran saco de viejos sueños repelidos por el devenir de la modernidad y el racionalismo, allí donde magos, duendes, espectros y dioses han sido desterrados junto a una sed de conocimientos que difícilmente pueden ser suplidos por la mera racionalidad. Sin embargo, eso no ha evitado que la tradición alquímica se haya conservado como una fuente de inspiración para multitud de artistas e intelectuales a lo largo de los dos últimos siglos: James Joyce, C. G. Jung, August Strinberg, Andre Breton, Leonora Carrington, Jorge Camacho, Max Ernst y un largo etc, todos ellos han invocado la Gran Obra a la hora de explorar sus sueños e intuiciones. De igual modo, Pylar se coloca en esta larga procesión de anacrónicos y nostálgicos de una era mítica donde los astros y los colores, las palabras y los sonidos, la materia y lo imaginario, se movían en la permanente danza de las Analogías Universales.

 

Pylar se ha propuesto, con esta casete, expresar sonoramente el proceso de transmutación de la materia, lo cual, por supuesto, supone una empresa delirantemente ambiciosa… pero ese es precisamente el encanto del experimento. Dado la imposibilidad de lo que buscan todo queda en un amago puramente simbólico, una teatralización poética de algo que en el fondo nadie puede comprender y que nadie, seguramente, ha conseguido jamás. Pero quizás la clave no está en conseguirlo, sino en la propia búsqueda, un proceso de transmutación no tanto de la materia como del propio alquimista a lo largo del proceso. Y ahí es donde puede colocarse este disco de Pylar, en la permanente búsqueda de respuestas que no se agota con las explicaciones de la ciencia y mucho menos de la religión, ese punto donde quizás la imaginación tiene mucho que decir. Para ello Pylar tira de una simbología tomada de la Tradición Hermética y la transforma en algo necesariamente personal a través de la música, que a su vez germina en la subjetividad del que escucha para volver a transformarse también en otra cosa. Así, participando en la particular interpretación que Pylar hace del proceso de transmutación que describe la Alquimia, el oyente, a su vez, la enriquece de alguna manera. No obstante, tal y como dijimos al comienzo, se trata de un juego poético, todo depende de tu complicidad, también puedes escuchar el disco como una muestra de rock experimental más, lo cual no tiene porque estar mal, pero…

 

La Gran Obra está dividida en dos temas largos repartidos en cada cara de la casete. En lo que respecta al sonido nos encontraremos un primer tema misterioso y lleno de matices, que avanza lentamente, transformándose poco a poco a través de tres secciones que el grupo ha definido como Nigredo, Albedo y Rubedo, los cuales corresponden a las tres fases establecidas por la Alquimia para la obtención del Oro. La voz, como un instrumento más por su elasticidad y multitud de registros, aporta el componente humano tan importante en la temática del disco, puesto que a diferencia de la física moderna, que busca la objetividad absoluta, la Alquimia no es nada sin la voluntad y los deseos del ser humano. La música es retorcida, densa y rallante en el puro ruido, con una extraña e inquietante belleza; eso hace que la voz parezca atrapada en un mundo extraño, inmersa en un largo lamento por aquello que se desvela como inalcanzable. Es difícil hablar de estilos, quizás algo cercano al Krautrock, algo de Doom, algo de Rock Progresivo y la Psicodelia, pero en este caso las etiquetas se quedan cortas. El segundo tema se titula “Especulum” y es, ni más ni menos, que el primer tema reproducido al inverso, tal y como indica el título es un perfecto reflejo en confrontación. Por supuesto, este ha sido un recurso muy usado en el rock, en los 60 y 70 muchos grupos de psicodelia gustaban de emplearlo, aunque lo normal era que se reservara para momentos concretos o en forma de sampleado sobre el que se grababa otros instrumentos. Pero no tengo noticia de que se haya hecho con todo un tema y además tan largo. Esto demuestra que Pylar no se andan con chiquitas.

 

En definitiva, un disco que seguramente no es para todos los gustos si te lo tomas solamente por el lado musical, pero que creo muy recomendable para cualquiera que quiera entrar en el juego que Pylar propone. Es tu problema si te lo tomas muy en serio o si aceptas la ironía que hay en todo ello. El Ocultismo, la mayoría de las veces, no es más que una opción estética, un recurso de lo imaginario para intentar acceder a algo que solo se intuye, el sentido del humor debe formar parte de ello, aunque sea como una ironía rallante en la fatalidad, como en este caso, porque la Piedra Filosofal ya hace mucho que se cayó por el sumidero del racionalismo para no volver, agradezcamos a Pylar que casi nos la traiga de vuelta.

 

 Reseña de Antonio Ramírez

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