Voivod

Dimension Hatröss

 Noise International (1988)

--------------------------------------------------------

 

El tramo final de la década de los 80 fue un momento crucial en la historia del heavy metal. Las diferentes ramificaciones que se habían abierto dentro del género dieron por esa época muchos de sus mejores frutos, como ocurrió en el caso del thrash metal. En ese sentido, muchas de las formaciones que habían comenzado su andadura a comienzos de la década comenzaban  una fase de madurez abierta a la experimentación. Bandas muy influyentes como Metallica, Megadeth o Anthrax habían ido sofisticando mucho su sonido, dando paso a un refinamiento compositivo que sirvió de ejemplo para un buen número de grupos que quisieron y en muchos casos supieron aunar la agresividad propia del thrash con la complejidad técnica. Otras formaciones,  como Slayer o Possessed y muy pronto infinidad de nuevos grupos, tomaron una dirección cada más extrema y oscura. Todo esto supuso una edad de oro del thrash metal a ambos lados del Atlántico, resaltando algunas bandas de tendencia que podríamos calificar como especialmente "progresiva". Quizás alguien pueda ver forzado relacionar el thrash con el progresivo, pero creo que es perfectamente adecuado, aun sin tener que traer a colación esos grupos integrados en el llamado “metal progresivo” al estilo de Dream Theater, comparables al rock sinfónico de los 70, pero en versión metalera. Más bien hablamos de una actitud que no solo tiene porqué incluir complejidad compositiva o gran destreza técnica, sino que por su riesgo y falta de restricciones estéticas o conceptuales se abre a una exploración de los límites de un género concreto (en este caso el thrash), incluyendo el extremismo y radicalidad que llevó a la creación de nuevos subgéneros como el death o el black metal.

 

Entre los grupos thrashers que claramente podríamos calificar como progresivos nos encontramos a los canadienses Voivod, que nunca llegaron a obtener la celebridad global de otras formaciones de su época, pero que sin duda han ido alcanzando con el tiempo la categoría de banda de culto. Sus tres primeros discos, War and Pain (1984), Rrröööaaarrr (1986) y Killing Technology (1987), fuertemente influidos por el punk y el hardcore, en combinación con un sonido heavy cada vez más tendente a endurecerse, ya mostraban muchas de las características que harían de Voivod un grupo único: riffs disonantes, solos de guitarra extraños, vocalización tendente al caos… todo ello apoyado por una base rítmica frenética y cambiante, obra y gracia de los cerebros psicotrónicos de cuatro canadienses locos: Snake a la voz, Away a la batería, Blacky al bajo y Piggy a la guitarra. Desde un principio su estética y sus letras orbitarían en torno a la crítica al neoconservadurismo propio de la eran Reagan, los excesos de la tecnología, la violencia del sistema, la guerra, las corporaciones, los mass-media, etc., buscando siempre inspiración en el ciberpunk más oscuro y apocalíptico. El batería del grupo se encargaría de los diseños, sabiendo crear una imagen reconocible con un estilo naif muy cercano al comix underground, pero en todo caso tremendamente efectivo e inconfundible.

 

Pese a sonar a Voivod desde sus inicios, sería en el tercero de los discos arriba citados donde comienzan mostrar un sonido mucho más depurado y complejo, plasmando implacablemente toda su rabia contra la era postmoderna. Con un estilo que se hace difícil de delimitar entre el hardcore y el thrash, donde la huella de bandas como Venom o Motorhead es palpable, pero también lo son retazos de The Misfits, Black Flag o Husker Du, del punk o el postpunk al estilo Killing Joke. El resultado no era cómodo para ser clasificado entre las demás bandas del emergente thrash. De alguna manera, pese a ser canadienses, Voivod siempre han sido más emparentables con el sonido europeo que con el norteamericano. A diferencia de otros paisanos suyos, como puede ser el caso de Annihilator, Voivod nunca encajaron, por ejemplo, en la influyente escena californiana, pero no ocurre así cuando son colocados al lado de gente como Coroner, Kreator o Celtic Frost. Por mucho que en realidad sean muy diferentes a esas bandas europeas, es posible detectar en Voivod el mismo pedigrí sonoro. En todo caso, absorbieron la esencia del thrash de su época para llevarla a su terreno, sirviéndose de las estructuras, la contundencia o la velocidad según la necesitaran, pero nunca al contrario, es decir, adaptando estrictamente sus ideas a ese estilo, ni a ningún otro.

 

Así pues, Killing Technology sería un disco apabullante, muy exigente con el oyente ya que reclama numerosas escuchas para poder ser adecuadamente deglutido. No obstante, considero que es en su siguiente disco, Dimension Hatröss (1988), donde consiguen dar una vuelta de tuerca más a todo su potencial, asentando por fin su sonido con una personalidad indiscutible.

 

Dimension Hatröss es un LP conceptual dividido en 8 temas (sucesivos capítulos de una historia), envuelto en una magnífica e inolvidable cubierta de Away. Más cuidado en su producción, con una promoción y difusión mucho más potente que en su anterior disco, su llegada en 1988 fue como un bombazo en un momento en que otros grupos de thrash estaban lanzando algunos de sus mejores discos. Sin embargo, Voivod eran sencillamente diferentes y aunque en cierta manera no podían competir con la preeminencia de Anthrax, Sacred Reich, Death Angel, Testament y otras formaciones de primera línea (que en muchos casos estaban rozando el mainstream en lo que respecta a sus ventas), lo cierto es que lograron colocarse en una posición muy visible pese a lo arriesgado de su propuesta.

 

Dimension Hatröss, como decíamos antes, es un disco conceptual en torno a la historia de un experimento llevado a cabo por Voivod (el personaje que da nombre al grupo) con un acelerador de partículas y el consiguiente descubrimiento de una nueva dimensión habitada por una serie de seres extraterrestres. Los sucesivos temas nos van narrando las aventuras que a Voivod le ocurren en esa dimensión, desde ser considerado un dios hasta implicarse en la guerra de los “chaosmöngers” contra la autoridad, escapar de ser capturado por seres sumamente evolucionados, etc. Al final Voivod logra volver a la tierra y decide destruir la dimensión que ha descubierto. Aunque sea pura ciencia-ficción, las letras (obra del cantante, Snake) son una buena excusa para tratar indirectamente temas sociales y políticos del mundo real, como por ejemplo el asunto del lavado de cerebros por parte de las diferentes sectas religiosas.

 

Respecto a la música, se hace complicado definir el sonido de Dimension Hatröss. Por mucho que el resultado sea sumamemente personal, proviene del resultado de una mezcla entre numerosas influencias. El mismo Away lo explicaba en 1988 en una entrevista (completa aquí) para la revista Metal Force:

 

“Definitivamente, creo que se reduce a nuestras influencias y las cosas que los cuatro escuchamos cuando no estamos tocando la música de Voivod. Personalmente, me gusta escuchar un montón de cosas psicodélicas e industriales, como Bauhaus y killing Joke, mientras que Piggy (guitarra), por ejemplo, está muy metido en música realmente antigua, como King Crimson, Pink Floyd y un montón de grupos que existieron hace mucho tiempo, pero que nunca llegaron a ninguna parte. Al bajista Blacky le gusta mucho la música clásica, y Snake (voz) pasa mucho tiempo escuchando a viejos punk como The Misfits, The Damned y The Dead Kennedys. Cuando se combinan todas esas influencias se llega a una mezcla extraña, de hecho creo que es lo que hace a esta banda tan original". 

 

Y realmente no podría expresarse de una forma más clara a lo que suena este disco. Por lo demás, y espero que no parezca una excusa, sería absurdo destacar un tema sobre otro, pues todos me parecen magistrales, tan llenos de recovecos, cambios y detalles que describirlos sería interminable. Toda la banda se muestra a una altura increíble, aunque la labor de Piggy es muy remarcable, elaborando unos riffs y solos de guitarras muy originales, muy alejados de los más típicos del thrash metal. En un momento en que tantas bandas estaban tomando como modelo riffs provenientes de discos como Master of Puppets o Reign in blood, Piggy recuperaba la enseñanza demasiado olvidada en los años 80 de LPs tan imprescindibles como Larks' Tongues in Aspic o A saucerful of secrets, complicándose la vida con la guitarra sin por ello dejar de sonar contundente y agresivo. Por su parte, la base rítmica es poderosa, aunque tampoco asimilable al típico sonido del bajo escondido tras un doble bombo a marchamartillo, logrando sumarse con su sutileza al clima hipnótico creado por la guitarra. Pero, sin duda, es la voz de Snake la que termina por dar el toque de originalidad definitivo a Voivod. En sí misma, está claramente marcada por la influencia de grupos como The Dead Kennedys, Discharge o Black Flag, pero al situarse en un contexto totalmente nuevo, tan alejado del canon del hardcore (y en realidad del propio metal), se hace irremediable que Snake resulte tremendamente innovador, único en su generación de vocalistas.

 

Por lo tanto, en Dimension Hatröss el thrash metal está mucho más asumido que en el anterior disco. Voivod había estado de gira con bandas como Kreator o Celtic Frost, grupos compañeros en el sello Noise, es normal que ello revertiera en su música, pero habían conseguido que toda esa agresividad y velocidad acogiera atmósferas enrarecidas que de alguna manera podemos calificar como lisérgicas y sobretodo estructuras nada tradicionales que traen a la memoria el rock progresivo de los 70, el Krautrock o los grupos más experimentales del postpunk. Por expresarlo sintéticamente: sería algo así como el producto de explorar, embrutecer y retorcer más, si cabe, el espíritu del 21st Century Schizoid Man”, tema que, considero, anticipa mucho de la filosofía asumida por la banda canadiense. Lo cual no es casualidad, porque si tuviéramos que describir la música de Voivod de una forma no solamente formal sino también “antropológica” no sería demasiado errado decir que supone una proyección (a la vez que una crítica) muy gráfica de nuestra cultura esquizoide inmersa en el infierno consumista y tecnológico, con todas sus consecuencias medioambientales, sociales, políticas, etc,. Voivod son los niños mutantes de una sociedad autodestructiva, aplicando la actitud iconoclasta y anárquica del punk y el hardcore, aunque dando un paso más, desean sacudir los sentidos entumecidos por la asfixiante y paralizante realidad oficial, sacando a la luz todo su verdadero carácter tóxico. Creo que, en ese sentido, el disco logra todo su cometido, manteniéndose en la actualidad como una obra de arte perturbadora de largo alcance.

 

Voivod se han mantenido en activo hasta hoy en día, sobreviviendo a la trágica muerte de su guitarrista en 2005, sacando mejores y peores discos (los más recientes son, de hecho, muy recomendables), pasando por diversas fases y cambios en su formación, pero en mi opinión fue en Dimension Hatröss (seguido muy de cerca por killing Technology) donde alcanzaron su altura máxima con un disco absolutamente redondo desde cualquier perspectiva que queramos aplicarle. En conjunto, su discografía al completo, como la de otras bandas valientes, ha sido muy influyente tanto dentro del thrash como fuera de él, demostrando que es posible indagar musicalmente sin tener que por ello prescindir de la agresividad y la contundencia propia del metal. Transmitiendo este espíritu no solo a los músicos expuestos a su influencia, sino a la propia audiencia, aportaron su granito de arena para que la riqueza cultural de la música popular, aunque sea a niveles cada vez más underground, pudiera seguir desarrollándose en nuevas direcciones.

 

Reseña de Antonio Ramírez